jueves, 17 de marzo de 2011

DIARIO DEL VIAJE A LA ANTÁRTIDA ( X ).

Día 21 de noviembre de 1989.
Bien, pues acabamos la maniobra cerca de las 02.00 horas de la madrugada, y el que quiso, pudo volver a salir para seguir disfrutando de la noche en Punta Arenas. Yo, como estaba algo mal y griposo y encima sentía que tenía fiebre, preferí quedarme a bordo y descansar, ya que por la mañana tenía que entrar de guardia, y era preferible meterse en cama a volver a salir y empeorar mi estado.

A las 08.00 horas de la mañana entré de guardia y con un frío de cojón de mico, y es que se nota que estamos cerca del Polo Sur, y además teníamos que recibir al Embajador de España en Chile, al Agregado Naval y a la Comisión de la Cámara Española de Comercio, pasando un frío enorme, pero deseando que se acabara cuanto antes.

Y continuamos la guardia, una vez que se marcharon todos, eso si, más abrigados que antes. Y de nuevo toda la noche en vela a esperar que regresaran todos los que salieron a disfrutar, y poco a poco fueron llegando como ovejitas obedientes que vuelven al redil. De esta manera, nos volvimos a reunir todos a bordo y yo me quedé tranquilo porque no tenía ninguna novedad a la hora de salir de guardia.

Uno de los glaciares que "mueren" en el mar.
Día 22 de noviembre de 1989.
La verdad es que hoy empecé el día bastante mal, porque el gripazo se me iba acentuando cada vez más, y encima, el no poder descansar como es debido, no hace que mejore en nada, al revés, empeoré más, con lo que a la hora del desayuno, coincidiendo con el Oficial Ayudante de Derrota y el Doctor -sempiterno ornitólogo-, les comenté que estaba deseando salir de guardia para meterme en cama y descansar y al mismo tiempo... intentar sudar lo suficiente como para rebajar un poco el estado febril que tenía. El Doctor me tomó la temperatura y ésta era de 39ºC, y el único comentario fue... que a las 12.00 horas se tocaba Babor y Estribor de Guardia. Les dije que me parecía muy bien, pero que yo me iba a la cama, porque he estado toda la noche sin dormir y pendiente del barco y del personal que va llegando a bordo.

Al salir de guardia, se lo comenté al Segundo Comandante y me autorizó a permanecer en cama, y asi lo hice: meterme en ella mientras los demás se iban levantando al toque de "¡Diana, Diana!", ordenado por el Segundo, y yo... ¡a dormir y a sudar! que buena falta me hacía.

A las 11.50 horas me vinieron a llamar para la salida de puerto y me negué a levantarme (ya que contaba con la autorización del Segundo Comandante), pero vinieron como unas seis o siete veces, y la última fue el Segundo, quien personalmente bajó hasta mi camarote y me despertó para preguntarme si me encontraba en condiciones para montar las guardias de dos horas en la caña para navegar en los Canales, y a eso le dije que si, que para no fastidiar a ningún otro compañero, mejor me levantaba y montaba mi guardia, que en el momento que me tocara, me avisaran y me levantaría. Y asi lo hice. Bien abrigado y habiendo tomado algo de medicación que me dió el Doctor, empezamos a pasar por los Canales Patagónicos.

Belleza natural y salvaje en el fin del mundo.
La verdad es que de momento no se veía gran cosa, pero según nos comentaba el Práctico Chileno, tendríamos tiempo de ver paisajes muy bonitos. Salí de guardia de timón y me volví a meter en cama para seguir recuperándome, y a descansar pues la próxima me tocaba de 02.00 a 04.00 horas de la madrugada, y por lo menos había que estar un poco frescos, a pesar de los pesares.

Y así acaba este dia, tan malo para mi, por culpa del maldito gripazo, y menos mal que ya estaba vacunado contra la gripe, que si no... no sé que es lo que me hubiera cogido o la hubiera cogido con más fuerza.

Día 23 de noviembre de 1989.
Pues aqui estoy otra vez. En la caña o en el timón, como os resulte más claro para entenderlo. Ahora no ponemos el automático, tenemos que llevarlo en manual y muy atentos a las ordenes del Práctico. Y ya se empieza a ver solamente niebla, mientras voy atento a la voz del Práctico..., "Timonel, un grado a babor... asi está bien, quédese a ese rumbo que va bien...", que es quien nos lleva a través de estos Canales. Los Prácticos son muy particulares, porque cada uno lleva su "colección" de cartas náuticas, donde ellos mismos se han marcado las rutas para llevar a los distintos buques que tienen que "guiar", y eso depende tambien, del tonelaje y el desplazamiento de cada buque, porque no todos son iguales en el calado.

A las 04.00 horas salí de guardia y por recomendación del Práctico, me quedé más tiempo levantado, pues íbamos a pasar por un canal muy estrecho, y era digno de ver, ya que es uno de los más estrechos que hay en toda la zona de los Canales Patagónicos y hay que navegar con mucho tiento, el rumbo ha de ir "al pelo" y a una velocidad aconsejable para tener tiempo de reacción ante una maniobra inesperada.

Hay que posar con este paisaje, para el recuerdo.
Junto con mi compañero Valverde, que también salía de guardia de máquinas, salimos a cubierta -eso si, muy bien abrigaditos y con la cachimba encendida y echando humo como una locomotora- y nos fuimos a la parte de proa, para respirar aire puro y como por aqui, a esas horas empieza a clarear, empezamos a divisar las primeras montañas nevadas, que según se dice, es donde muere la cordillera de Los Andes.

Estuvimos atentos al paso tan estrecho y cuando estábamos a punto de cruzarlo, nos dijimos mutuamente que seríamos los primeros en atravesarlo, pero como yo soy muy mío para estas cosas, dije que lo pasaría antes que el barco, por lo que me subí a la misma borda de la proa, agarrado al torrotito, y estirando el brazo por delante de la proa fue como lo pasé antes que el propio buque, y me sentí muy bien. Mirando hacia el Puente de Mando -sabía que nos observaban a través de las cristaleras-, levanté los brazos indicando que yo había sido el primero en cruzar este Estrecho. Y con esto, Valverde y yo nos fuimos a la cama (él a la suya y yo a la mía); ya eran las 05.00 horas y a las 10.00 volvía a entrar de guardia en la caña, así que era cuestión de descansar y no enfriarse mucho.

Me levante a las 09.00 horas porque me desvelé y cuando salí del camarote, vi a todos corriendo hacia cubierta llenos de curiosidad; me asomé también y vi cosas maravillosas: glaciares, montañas nevadas, solamente por una cara, porque aqui va todo al contrario que en el Hemisferio Norte, pero la verdad es que todo es tan bonito, que es difícil describirlo con palabras o por escrito, y yo, como algunos otros, nos dijimos que por más que uno quisiera imaginarse tanta belleza, no sabríamos describirla tal y como la veíamos.

Esto resulta emocionante e impresionante al mismo tiempo.
Quizás, lo más bonito fue ver un glaciar que venía a morir justo en el mar. Era algo enorme, grandioso, y el hielo de un color azulado precioso, que según los comentarios del Práctico, se debe a los miles de años que lleva acumulado y sin derretirse, porque hay otros que se van derritiendo y renovando los hielos, debido a las fuertes nevadas y a las bajas temperaturas que por aqui se concentran; había otro -y esto es curioso-, que se llama España, y es que aqui, todos los glaciares (o ventisqueros, como les llaman por aqui), tienen un nombre, y ver un glaciar que tiene el nombre de tu País, cuando estás tan lejos, pues te llena un poco el corazón de alegría, bueno, un poco no... un mucho.

Después de la guardia, bajé a cubierta con todos los demás compañeros para hacer fotos y comentar las preciosidades que se estaban viendo, como era ver cascadas que nacían de los mismos glaciares y que cayendo entre la maleza, iban a parar al mar. Por otros sitios, veías las laderas de las montañas pobladas de lengas, que es como una especie de pino, pero muy distinto a este: pequeño y achatado, como si le hubieran puesto un tope para que no creciera hacia arriba.

Y con esto llegó la hora de comer, que hoy era un menú especial, porque -aunque cada uno en su sitio-, íbamos a celebrar una comida de despedida por el Teniente Habilitado, Oficial de Complemento de Intendencia, que supo ganarse la simpatía de todos en general -como buen canario que es-, y además es un chaval joven. Asi que la comida preparada por el Lubina, fue una mariscada (y no quiero poner los dientes largos a nadie, que conste), a saber: Langosta, vieiras (dos por barba), gambas, y una buena pata de jamón asada; todo esto regado con vino blanco Peñascal.

Y después de la comida, nuevo cambio horario, porque la hora de Argentina no va con la de Chile, así que tuvimos que adelantar en una hora todos los relojes de a bordo. Cuando cruzamos la frontera marítima, vino la Patrullera argentina con el Oficial de Enlace y el Práctico que nos conduciría hasta el puerto de Ushuaia, el pueblo más Austral del Mundo. Mientras que el Práctico chileno se quedaba en la Cámara de Oficiales, ya que no se permiten entre ellos la permanencia en el Puente de Mando, por las antiguas enemistades que tienen debido a los conflictos que tuvieron hace años con la frontera maritima entre Chile y Argentina. Conflictos en los que incluso tuvo que llegar a mediar el Papa Juan Pablo II, para que no se llegara a una contienda bélica.

Algunos de nosotros y sobre la mesa... Mi Diario.
A las 18.00 horas, atracamos en puerto, donde fuimos recibidos por una Banda de Música de militares argentinos. Toda una atención por su parte. Y una vez atracados, pues nada, que me tocó entrar de guardia de puerto, porque la de Montevideo no me cumplió al hacer menos de cuatro horas de Servicio; asi que tuve que hacer también ésta. Pero bueno, ya es menos tiempo, porque entre una cosa y otra, pues se va pasando más rápido, aunque son las 23.00 horas y todavía hay claridad.

Y dándome las tantas, estoy escribiendo esto, acompañado de los dos "Andreses" (Txo y Berjano), que mientras uno arregla el uniforme para entrar de guardia por la mañana, el otro se entretiene en escribir un montón de cartas, con sus auriculares puestos, oyendo música en su walkman, y yo... también, oyendo a mi amigo Dyango.

Espero que la noche no se haga muy corta (tampoco muy larga) para poder escribir unas cuantas cartas, a mi familia y a mis amigos, y poder dejarlas enviadas en Ushuaia, antes de salir nuevamente de puerto.

Ya queda poco para llegar a Ushuaia (Argentina).
Día 24 de noviembre de 1989.
Ya he salido de guardia, y a las 09.00 horas me metí en cama para descansar, después de toda la noche sin dormir, que me lo tengo bien merecido, o por lo menos es lo que yo pienso, porque después de toda una noche en vela, bien me merezco un descanso, aunque sea matutino.

A eso de las 14.45 horas me levanté para comer, y según estaba comiendo, avisaron que había que hacer carga de víveres, ¡y como no! ¡allí estábamos los "Todo Terreno"! pero yo seguí comiendo, pues era el único que faltaba.

Una vez terminé de comer, me puse con los demás a currar y pronto terminamos con el cargamento; a las 17.00 horas y una vez comprobado que se había terminado con todo y que todo estaba estibado en su correspondiente lugar, nos dejaron salir francos y por supuesto, fui a conocer este pueblecito que parece sacado de una postal de Navidad: casitas pequeñas esparcidas por las laderas de las montañas, auténticas cabañas de madera -nada de cemento ni material, al menos lo que vimos a primera vista-, que estaban rodeadas de nieve y las montañas también llenas de nieve y rodeadas de nubes espesas y totalmente blancas; como si quiseran descargar más nieve todavía. Una suave brisa acariciaba el mar, e incluso hacía buena temperatura.

Esta vez, salimos Bravo y yo, junto con Abel, que iba a revelar unos carretes de fotos; así que hicimos el camino de salida juntos y después de separarnos, Bravo y yo fuimos a tomar unas cervezas al primer bar que vimos y después estuvimos paseando, viendo todos los comercios que había en lo que es la calle principal del pueblo. Allí me compre unos cuantos "pins", alegóricos a la tierra que pisamos. Por la noche, cenamos, no sin antes habernos comprado algunas cosillas típicas de este lugar, para tener un recuerdo más de nuestra estancia en el pueblo más Austral del Mundo; terminamos de cenar y como aqui, la única diversión nocturna que hay son los Clubs de alterne y no apetecia nada estos sitios, tomamos camino de regreso al barco, y ya empezaba a refrescar bastante, asi que en cuanto llegamos, me metí en cama... ¡y a descansar!, que el cuerpo todavía se resiente. Y mañana será otro día...

... El día de la partida, rumbo al Polo Sur.

Decir, por último, que hoy nos han embarcado todos los expedicionarios y han habido muchos saludos por parte de los que ya se conocían de la Campaña anterior, es decir, la que se efectuó en el 1988/1989, y luego ha tenido lugar, las presentaciones con el resto de la tripulación, para que nos vayamos conociendo todos un poco mejor, ya que seríamos compañeros durante toda la Primera Fase de esta Campaña Antártica.

Vista parcial de Ushuaia desde El Barrio Ecológico.


miércoles, 16 de marzo de 2011

DIARIO DEL VIAJE A LA ANTÁRTIDA ( I X ).

Día 14 de noviembre de 1989.
Como ya dije anoche, hoy estoy de guardia, y también hoy es el día en que salimos a la mar. Se nos acabó la estancia de descanso en Montevideo; ahora nos toca una navegación larga hasta llegar a Punta Arenas (Chile), ya dentro de los Canales Magallánicos. La salida está prevista para las 11.00 hora local. Pues hasta esa hora, hemos recibido al Agregado Naval, que vino a despedirse, y todo el movimiento que se veía en torno al buque era para ir aligerando amarras, desconectar la corriente de tierra y tenerla ya de a bordo, de los motores auxiliares, quitar la toma de agua potable... mientras, nuestro compañero Txo, se dedicaba a filmar con su cámara, los distintos movimientos del personal que pululaba por allí.

A las 10.50 horas, se tocó "Babor y Estribor de Guardia", y todo el mundo -como siempre- acudió a su puesto para que el barco pudiera zarpar sin novedad. Asi fue: salimos por la canal dragada muy despacito, ya que había un poco de corriente y nos empujaba, y yo a la caña -pues le correspondía a la Primera Guardia, y yo soy de ella-, sin irme ni un grado, por lo que pudiera pasar; muy atento a la voz del Práctico hasta que éste desembarcara cuando estuviéramos libres en aguas abiertas. Ahí pusimos rumbo Sur, hacia el Estrecho de Magallanes.

Poco tiempo después de la salida, nos empezó a pegar la mar a base de bien, y esto se movía de órdago, hasta que pudimos poner un rumbo más o menos cómodo que nos permitiera ir aguantando los embates del mar y movernos un poco menos, hasta que lo conseguimos.

Y acaba el día entrando de guardia -de nuevo- de 20.00 a 24.00 horas, con buena mar de popa y viento suave, bonancible. Veremos mañana, que tal se nos da el día y la mar, porque como ésta no acompañe, lo llevamos crudo.

Ciudad de Punta Arenas (Chile)
Día 15 de noviembre de 1989.
Pues hoy el tiempo ha empeorado mucho y tenemos fuerte mareja del S con viertos fuertes, pero como somos de los buenos, pues aguantamos lo que nos echen. Pero no fue así del todo, especialmente a la hora de la sobremesa, porque gracias a que nos dimos un buen atracón de buena comida (Sopa de minestrones, calamares fritos con patatas fritas y ensalada, con piña de postre), por la tarde no pude hacer bien la digestión y con lo que esto se movía, no tuve más remedio que "cambiar la pastilla", pero una vez hecho esto... ¡como nuevo!, sin mareos ni malestar de ningún tipo; ¡a continuar navegando, que es lo nuestro!.

Y según las previsiones meteorológicas, nos esperan unas 48 horas de muy mal tiempo. Esperemos que se equivoquen, si no... ¡que le vamos hacer! ¡hay que estar a las duras y a las maduras!.

Acabo la guardia con mal tiempo: fuerte marejada, rolando a mar gruesa, y vientos muy fuertes de 40 a 50 nudos, ¡casi ná, lo que nos espera por delante!.

Día 16 de noviembre de 1989.
Hoy comienza el día más o menos como ayer, y sin visos de que cambie, por lo que se puede ir diciendo que el cuerpo va notando los embates de la mar, pero de momento se va aguantando el temporal y aunque es un poco duro -por no decir bastante-, el organismo lo va superando y asimilando según el estado del tiempo y la mar; esperemos que cuando estemos en la Antártida, lo podamos soportar de igual manera, porque no sabemos gran cosa de lo que allí nos espera, salvo lo que muy por encima nos han contado los compañeros que estuvieron el año pasado, y tampoco fue mucho... porque prefieren que lo comprobemos por nosotros mismos.

Hoy, a pesar de que el Lubina se esfuerza en que comamos todo lo que nos pone, no ha tenido mucho éxito, su caldo gallego con repollo y el pescado al horno, lo ha comido muy poca gente, porque hay que decir la verdad: la mar no acompaña a las ganas de comer, y se prefiere estar mejor en cama descansando, que en el comedor intentando tomar algo con tanto movimiento que lleva el barco. Nos está dando por todos lados.
Bueno, pues de esta manera ha transcurrido el día de hoy, sin muchas cosas que contar, porque el único tema de charla es la mar tan mala que estamos teniendo, y que todos deseamos que se acabe cuanto antes, por lo que contamos el tiempo que nos queda hasta llegar a Punta Arenas, o cuando menos meternos dentro del Estrecho de Magallanes, que a lo más seguro, allí se habrá calmado la mar y estará más tranquila, por eso de que se está un poco al resguardo del Océano Atlántico.

Dia 17 de noviembre de 1989.
Hoy no está pegando más fuerte que estos días atrás, e incluso con rachas de vientos de más de 100 km/h. Y el agua está batiendo muy duramente. Este "cascarón" se mueve más que un bailarín, pero seguimos soportando el movimiento incomodo. El dolor viene cada vez que hay que salir al alerón, porque como no te agarres bien, te lleva el viento y te puedes lastimar si caes. Como novedad, decir que nos han dado ropa de frío para la Antártida y después de probarnósla y ver que nos quedaba bien, más o menos, tuve que vaciar la taquilla para hacer sitio a este nuevo vestuario, porque la taquilla es muy reducida y no cabe toda la ropa que nos dan, y todavía nos falta el saco del Ejército, que está guardado en la bodega y hasta más adelante no nos lo darán. Pero lleva más ropa para combatir el frío; veremos donde metemos todo esto, si apenas nos queda nada de sitio.

Hoy vamos costeando por la Patagonia argentina, para evitar en lo posible el maretón que nos está castigando duramente, por lo menos de esta manera, se hace más llevadero y menos duro. Si será fuerte como nos golpea la mar, que una de las veces que el agua saltaba a los pasillos de la cubierta, nos rompió una compuerta de la banda de Estribor y se inundó el compartimento que se usaba como oficina-archivo, y la consecuencia de esta inundación fue que no se salvó nada, a excepción de dos paquetes de folios y un par de libros. El resto... inservible. Esto puede ser la anécdota de hoy, que no ha sido muy buena, ya que había mucha documentación de archivo que a mi, particularmente, me podía haber servido de ayuda a la hora de trabajar, pero estas son las cosas que tiene la mar. Menos mal que dentro del compartimento solo había un archivador y varias cajas con carpetas y archivos, porque si llega a tener mobiliario o incluso la máquina de escribir (que es un armatoste electrónico), pues se lo habría llevado la mar. Me tendré que aguantar con lo que me queda en el otro archivador, que lo tengo situado en el pasillo de proa, junto a los aseos nuestros.

Volvemos a terminar el día con una mar muy gruesa y vientos fortísimos y muy fríos, por lo que podemos ir diciendo que nos vamos acercando al fin del mundo, que está un poco más abajo, pero del que esperamos volver -si Dios quiere y la Virgen del Carmen nos sigue acompañando-, cuando hayamos hecho todo aquello a lo que hemos venido hacer, y esto será seguramente -según los programas previstos- allá por el mes de Marzo, cuando arrumbemos de nuevo hacia España.

Atracados en Punta Arenas (Chile)
Día 18 de noviembre de 1989.
Pues que quereis que os diga... continuamos igual que ayer, pero hoy hemos tenido una novedad: ¡¡la de haber visto los primeros pingüinos, las primeras orcas y la primera foca!!, no los hemos distinguido bien, pero, como dice el Comandante, con tono de broma "...Como me imagino cómo es el hielo, ya hemos visto lo que teníamos que ver, así que nos podemos volver para casa..." Bueno, bromas aparte, seguimos capeando el temporal como podemos y costeando, hoy parece que amainó un poco; hemos sobrepasado las Islas Malvinas (o Falkland como las llaman los británicos), es decir, que estamos muy cerca de la entrada del Estrecho de Magallanes, a ver si como dicen los entendidos, una vez que estemos dentro nos calma la mar y descansamos un poco, porque de verdad que hemos tenido un buen "julepe", algo sensacional, que hasta los más avezados y los más duros, están derrotados, y yo el primero, y también nuestro Comandante, que aunque no lo diga, se le nota, pero él tiene que demostrar todo lo contrario ante su personal.

Día 19 de noviembre de 1989.
De madrugada nos hemos adentrado en el Canal del Estrecho de Magallanes, y ya hemos tenido enlace con los controles marítimos de Chile, sobre todo, para ofrecernos el inmediato embarque del Piloto Naval -o lo que es lo mismo, el Práctico- para que nos lleve por las Angosturas (asi llaman a las rutas que hay desde la entrada a Magallanes hasta Punta Arenas), hasta el puerto de Punta Arenas, que después de tanto meneo, bien nos va a venir para descansar el cuerpo y distraernos un poco en tierra, hasta que tengamos que volver a zarpar para dirigirnos a Ushuaia (Argentina), próximo puerto de atraque, antes de cruzar el temible Paso de Drake o Mar de Drake -que es el punto donde se unen o chocan los dos Océanos: el Atlántico y el Pacífico-, de camino hacia la Antártida.

Mientras, la navegación continuaba cerca del Cono Sur de Argentina, antes de llegar al punto donde tendríamos que caer a Estribor para adentrarnos en el Canal de Magallanes, la mar continuaba pegándonos bastante duro y nosotros deseábamos cuanto antes meternos en el dichoso Canal, a ver si este castigo se terminaba de una vez. Aunque pensandolo un poco mejor, también los antiguos marinos pasaban por aquí, pero en peores condiciones que ahora, y sin embargo llegaron a ser todos muy buenos marinos, por lo cual, nosotros no tenemos motivo para quejarnos de una manera clara, pero en fin... estamos deseando atracar y parar el barco.

En el monumento a Hernando de Magallanes.
No hay novedad que contar en el día de hoy que ha seguido siendo como los anteriores, aguantando la paliza de la mar que estaba dejando los cuerpos descoyuntados de todos los miembros de la dotación, que ahora está sabiendo lo que es navegar con muy mala mar, pero que están demostrando que lo soportan muy bien, al menos es lo que se puede ir apreciando en todos, porque los que lo pasan realmente mal, hacen de tripas corazón para realizar las labores que tienen encomendadas, tales como las limpiezas de los interiores, preparar la comida, preparar tambien los servicios para las distintas Cámaras y mantener limpia la ranchería o reposteria..., son unos valientes estos Marineros, pero también les ayudamos a soportar lo mal que lo están pasando. Nosotros somos profesionales y estamos acostumbardos a navegar por todo tipo de mares, pero los chavales que no han navegado en su vida y practicamente salieron del Cuartel para embarcar en nuestro buque, están demostrando que saben ser unos buenos Marineros. Por todo esto que cuento, el llegar pronto a puerto nos va a venir bien a todos, por lo menos nos vamos unos dos o tres días estirando las piernas sobre tierra firme y habrá mareos... pero de otro tipo.

Día 20 de noviembre de 1989.
De madrugada, a comienzo del Estrecho de Magallanes, aminoramos la velocidad al mínimo para que embarcara el Piloto Naval: Un Oficial de la Armada Chilena, que desempeña el cargo de Segundo Jefe de Comunicaciones del Puerto de Punta Arenas (Teniente de 1ª, así les llaman aqui), y muy amable y cortésmente, se presentó en el Puente de Mando, al Sr. Comandante para ponerse a su servicio hasta el atraque del buque.

Antes de que embarcara, pudimos disfrutar de unas horas de mar tranquila, sin apenas viento alguno, pero en cuanto empezamos a navegar de nuevo bajo las indicaciones del Piloto Naval, y conmigo en la caña, empezó a levantarse la mar y el viento. Y por un momento nos creímos que estábamos otra vez fuera, en mar abierto... ¡era increíble la forma que tenía la mar de azotarnos y de que manera lo hacía!!. Pienso que la anécdota estuvo en esos momentos, porque yo pensé que la culpa la tenía él o bien la tenía yo por poner el barco de proa al viento, hacia donde soplaba con poca fuerza, porque en apenas un corto de espacio de tiempo, aquello parecía un auténtico temporalazo de los que marcan records. Ni el mismo Piloto Naval se lo podía creer.

Esa fue nuestra suerte, que la mayor parte del tiempo estuvimos cerca de costa, porque si nos coge en mar abierto, "nos hubiéramos enterado de lo que vale un peine", y aún así... nos movimos, ¡vaya que si nos movimos!.

Las típicas bromitas para una foto.
Pues como iba diciendo, en cuanto nos adentramos en el Estrecho, nos empezó a azotar de tal manera, que se tuvo que reducir la velocidad. El Práctico (Piloto Naval) "cambió la pastilla" como cuatro o cinco veces (pobrecito él, ya no le quedaba nada para sacar afuera) y se quedó hecho polvo, y claro, nosotros que lo habíamos pasado realmente mucho peor durante varios días, nos quedamos verdaderamente asombrados ante lo que estábamos presenciando, y la excusa que nos dió -no del todo comprensible- era que llevaba dos años destinado en tierra y que había perdido la costumbre de navegar (??). ¿Y como "guiaba" a otros buques que entraran por el mismo sitio que nosotros...? ¿Por control remoto...? Bueno, pues con esta otra anécdota seguimos rumbo y continuamos "macheteando" el mar, rumbo a Punta Arenas, y como llevamos cuatro horas de diferencia horaria con España, aqui nos empezó a clarear hacia las 04.30 horas de la mañana, pero a esa hora ya estaba yo en la cama, descansando, pues en la guardia me fui turnando con Andrés en la caña, y el Puente estaba demasiado "ambientado" y claro, todos estábamos, más o menos, excitados y con las ansias lógicas de llegar a puerto.

A las 08.00 horas de la mañana, se tocó "Babor y Estribor de Guardia", para preparar la entrada a puerto y recibir a otro Práctico, el de Puerto, que ayudado por dos pequeños remolcadores, nos abarloó ¡¡al fin!! a un buque de la Armada Chilena, -el Escampavía "Yelcho"- que a su vez estaba abarloado a un buque italiano tambien científico -el "Explora"-, es decir, que "aparcamos en tercera fila", pero bueno, el caso es que ya estábamos atracados y podríamos descansar un par de días sin movernos tanto, como en esta última semana.

Y mientras los de máquinas dejaban arranchada la Sala de Máquinas, el resto descansábamos en el Comedor tomando unas cervezas, y planeando lo que íbamos hacer cuando saliéramos a tierra, y quienes íbamos a ir con quien.

El caso es que nos juntamos siete para ir a comer, y a las 14.15 horas, nos fuimos a un restaurante típico, de nombre "Sotitos", muy bien servido, para cambiar de alimentos, de lo que yo me arrepentí, porque me quedé con más hambre que la que llevaba, pero bueno... Del menú que pedí... algo "caté". A saber: sopa marinera (probé algo, porque estaba rica, pero llevaba mucho pescado y la deseché enseguida), centolla (la comí toda, porque ya venía preparada con su ensaladita), filete al champiñón con papas fritas (comí solo un poco de champiñones, porque lo que era la carne, daba verdadera pena), y de postre: piña con "cuantró" (me lo comí todo); en la comida tomamos un vino rosado muy rico y como eramos siete, pues claro, cayeron como unas ocho o nueve botellas de este vino, que además entraba muy bien, era muy suave.

Ahora posamos serios para la foto.
En el mismo sitio, se encontraba (en mesas distintas, claro) el Comandante del buque y el Segundo Jefe de la Expedición, y en otra el Jefe de la Expedición con su hijo, un Oficial de la dotación del buque. A las dos mesas, les envíamos un bajativo, como muestra de educación, cortesía y, respeto, y aparte de esto, porque nos apeteció; a lo que ellos contestaron, enviándonos otro. Aclaración: un "bajativo" es, invitar a los comensales de otra mesa a una copa de lo mismo que estén tomando en ese momento, como gesto de cortesía y educación (al menos como me lo han explicado a mi, que no lo sabía).

Tambien nos encontramos allí a una Delegación de la Cámara Española de Comercio, que se acercaron inmediatamente a saludarnos, en cuanto se dieron cuenta de éramos españoles -y me lo imagino- seguramente porque se habrían enterado de que un buque de la Armada Española llegaría a este puerto en estos días.

Pues entre charlas y bromas y chistes, acabamos de comer cerca de las cinco de la tarde, y después nos fuimos a dar una vuelta por la ciudad, que por su aspecto, más bien parecía una población norteamericana de las que salen en las películas: calles anchas, amplias, coches ("carros") grandes, edificios de estructura tipo colonial, casi todos de una planta, o como mucho tenían dos plantas, pero todas muy bonitas. Es la única ciudad del mundo que tiene pistas de esquí, mirando al mar. Toda una curiosidad de este lugar.

Bien, pues llegamos a la Plaza de Hernando de Magallanes y allí nos hicímos las típicas fotos al pie del monumento, como recuerdo de nuestra estancia y visita. Continuamos nuestro recorrido y nos metimos en una cafetería, que por su aspecto debe ser la más popular de por aqui. Su nombre: "Gharoga". Empezamos a consumir y a charlar de mil cosas, luego se nos agregaron (en mesas junto a la nuestra) más compañeros del barco que también fueron apareciendo por allí y estuvimos hasta cerca de las diez de la noche, ya que a las once debíamos estar todos a bordo. ¿A que se debía esto? Pues se debía a que el buque chileno al que nos encontrábamos abarloados -el Escampavía "Yelcho"-, tenía que salir a la mar a las doce de la noche, por lo que teníamos que realizar la maniobra, para dejarle franca la salida. En efecto, asi fue; nos quedamos fondeados durante una hora a una milla del puerto para volver a abarloarnos al buque italiano "Explora", pero esto ya forma parte de otro día, que mañana seguiré relatando. Ahora hay que descansar un poco.

En la Cafetería "Gharoga". Punta Arenas (Chile). 
                                                      
                                     

martes, 15 de marzo de 2011

DIARIO DEL VIAJE A LA ANTÁRTIDA ( V I I I ).

Día 11 de Noviembre de 1989.
He entrado de guardia las 04.00 horas de la mañana y muy bien, muy bien, todo muy normal; la mar bastante calma, sin viento alguno y una temperatura de 20ºC; a las 06.35 amaneció un sol precioso y a las 07.00 entré en caña, quitando el piloto automático, pues comenzamos el paso en una canal dragada y había que asegurar muy bien el rumbo, vamos, "llevarlo al pelo", y se me dió muy bien, pero que muy bien, y no es porque sea yo, pero cualquiera de los tres que estamos en el Puente, lo hacemos muy bien en el timón (siendo solamente mi compañero Blanco el especialista en esto, en llevar el timón, pero como no hay Marineros que desarrollen este puesto, pues tenemos que hacerlo los profesionales de otra especialidad); a las 09.30 horas atracamos en el muelle después de atravesar una buena canal, único paso de entrada y salida para el puerto de Montevideo.

Y que además cuenta con el peligro de que en mitad del trayecto, a la entrada de lo que es la bocana, más o menos, hay un buque hundido, si, un buque de la Segunda Guerra Mundial perteneciente a la Marina Alemana, y del que todavía se aprecian por encima de la superficie del mar, las partes más altas del palo mayor y de las antenas que poseía este buque. Su historia es, que encontrándose por estas latitudes (a la caza de algún buque o submarinos de la Flota Aliada) se averió y tuvo que entrar en el puerto de Montevideo para reparar. De esto se enteraron los de la Flota Aliada y bloquearon el puerto para que no pudiera salir, comunicando a las Autoridades que si se le prestaba cualquier tipo de ayuda para reparar al barco nazi, bombardearían la ciudad hasta reducirla a escombros y cenizas. Ante las amenazas, los uruguayos decidieron no prestar auxilio a los nazis por el temor a los bombardeos. El Capitán del buque, entendiendo las razones -ya que Uruguay era pais neutral en el conflicto bélico-, salió de puerto y en mitad del trayecto, prefirió hundir el buque para evitar caer prisioneros de los Aliados y al mismo tiempo, evitar que entraran los buques a puerto. Cuando hundieron el buque, regresaron a puerto a bordo de los botes salvavidas y no pudieron ser apresados, porque Uruguay los acogió como asilados políticos. Y esta es la historia de este buque, que sirve como boya de aviso de bajos en la cana dragada de entrada al puerto de Montevideo. Allí quedó hundido, y en la actualidad sirve de aviso para todos los buques que entran y salen, para que naveguen alejados de su zona, antes de que puedan rozar con el casco y consecuentemente, tengan una via de agua, o bien se queden encallados en la zona.

En el pasillo central de la Catedral de Montevideo.

Bueno, pues después de estar atracados, y asear un poco los interiores, abriendo todas las compuertas que daban a la cubierta para que se ventilara todo, pasillos, Comedor, Camarotes... Hasta las 14.00 horas, cada uno estuvo haciendo lo que le correspondía y después salió franco por libre. Yo opté por meterme en cama y descansar, que buena falta me hacía; todo el barco en silencio, sin el zumbido que provenía de la sala de máquinas, sin movimiento en el barco, todo quieto... en silencio... Y así descansé hasta las 17.00 horas, después de darme una buena ducha y refrescarme, me puse de acuerdo con Txo y salimos juntos, pues anteriormente ya habíamos quedado con Berjano, Tony y Bravo, para ir a conocer un poco como es la ciudad a la que acabamos de llegar, la capital de Uruguay: Montevideo.

Nos tomamos unas cervezas, tan flojas como las de Brasil y por lo que parece, la cerveza de importación, se bebe muy poco por aqui; vamos, las que nosotros solemos beber en España. Luego nos fuimos a cenar a una parrillada donde los ánimos parecían estaban en franco decaimiento, por momentos, aunque había la típica chispa de alegría, pero no iba el ánimo hacia arriba, sino al revés. La cena la pasamos con aburrimiento, y hago constar que estaba muy rica, pero... Había que animarse como fuera, que nos lo merecíamos. Asi que empezamos a proponer cada uno lo que le parecía que podíamos hacer, y elegimos irnos de baile y conocer el ambiente de las discotecas de "acá" -como se dice en estos lugares-.
Ofrenda al General Artigas.

En la discoteca a la que fuimos, nos encontramos más gente de a bordo, y nos montamos nuestra fiesta particular, pasándolo estupendamente bien, por lo que los ánimos volvieron a subir muchos enteros y logramos ponernos contentos con alguna copita de más.

Es verdad que allí donde van los españoles... se nota; porque tal era la juerga que nos montamos nosoros solos, que nos dejaron sitio para que no estuviéramos apretujados contra el resto de la gente, y ésta se lo pasaba en grande viéndonos bailar y cantar. No molestamos a nadie, ni nadie se sintió ofendido con nuestros cánticos y movimientos "danzarines-no-se-sabe-de-donde". Incluso nos jaleaban mucho y de buenas maneras. Somos y tenemos conciencia de hasta que punto puede llegar nuestro jolgorio, y en ningún momento nos sobrepasamos y ni siquiera tuvieron que llamarnos la atención por nada. Asi que podemos decir, que lo pasamos... de escándalo, super bien, fenomenal, bárbaro... y muy dicharacheros con todo el mundo.

A las 05.00 de la mañana, decidimos irnos para el barco y echarnos a descansar, aparte de que hacía mucho frío, viento y lluvia, no apeteciéndonos otra cosa que llegar cuanto antes al barco, para meternos en cama. Y mientras sigue la lluvia y el viento, dueños de la noche, nosotros descansamos pensando en que será cuando nos levantemos por la mañana, ya que estamos en domingo y no tendremos trabajos, por lo que el que quiera dormir a pierna suelta, o hasta cansarse, o hasta romper la litera... ¡lo podrá hacer!.

Día 12 de noviembre de 1989.
Hoy cumplimos un mes desde que salimos de San Fernando, allí en la "Tacita de Plata".

Pues como decía anteriormente, hoy es domingo, y no hemos tenido que madrugar, pero tampoco nos hemos levantado muy tarde; lo que sucedió es que al ver que el día no había cambiado nada con respeto al de ayer y esta madrugada, nos mantuvimos -alguno de nosotros- en cama, dormitando hasta la hora de comer. Cuando me levanté para comer, me enteré de que había gente que se habían ido de excursión a Punta del Este, en un autobús que había puesto la Marina Uruguaya. Después de comer y de haber tomado el cafelito, reposando la comida, me he dedicado a arreglar un poco mi taquilla y a trabajar un poco, que siempre es interesante tener el trabajo al día y si se puede, adelantado, para luego no andar con prisas y tener que quedarme mientras otros salen a la calle. 

En las Tribunas del Senado o Sala de los Senadores

Por la noche, temprano a la cama, porque con el tiempo que hace, no apetece nada salir de paseo. Mejor se está en el barco, sin pasar frío, y teniendo una buena temperatura en el interior. ¡¡Nada hay mejor que estar en casita, cuando hace mal tiempo fuera!!. Otros si han salido, como por ejemplo los que fueron a la excursión de Punta del Este, una zona residencial y turística muy bonita y muy de moda, muy bien cuidada y muy elegante; de lo más moderno que se puede encontrar en la ciudad de Montevideo, y eso que está a distancia considerable.

Lo que les pasó es que tuvieron mala suerte; se les averió el autobús y se encontraron tirados hasta casi las tres de la tarde, hora en que pudieron volver al barco, pero sin comer, con frío y sin disfrutar de la excursión que les había programado. Sin embargo, los que nos quedamos en el barco -cuando llegaron ellos- nos reimos a su costa, pero ¿que le vamos ha hacer?. Nosotros tuvimos mejor suerte y estuvimos más confortables. Y nos reíamos cada vez que alguno contaba lo de la avería, el agua que caía, esperando que pudieran volver rápido al barco...


Fachada Principal de La Casa de Las Leyes.

Día 13 de noviembre de 1989.
Esta mañana, me han comisionado para hacer una excursión oficial, pero autorizados a ir de paisano, y a la que solamente hemos ido cuatro personas -los demás estaban escarmentados con esto de las excursiones-: a saber, el Capitán Médico, Samalea, el Alférez de Navío Soler, el Cabo Radio Tenreiro y yo. Dispusimos de un autobús militar para nosotros solos (aqui llaman a los autobuses, "colectivos"), porque se pensaron que iban a venir más miembros de la dotación, pero claro... después del día de ayer, nadie quería más viajecitos en autobús. Nada, que el Segundo "enganchó" a los cuatro primeros que vió: Nosotros. 



Monumento y mausoleo del General Artigas.

Empezamos el viaje riéndonos, porque nos parecía excesivo ir cuatro personas... seis con el conductor y el Suboficial de Enlace que venía también, como guía turístico. Y les dimos la opción de que pasaran por su acuertelamiento y pudieran cambiar el vehículo, pero nos dijeron que daba igual, que a ellos no les importaba en absoluto.


Llegamos a la primera parada: la Catedral, que resultó ser muy bonita, la visitamos toda y nos hicimos alguna que otra foto como turistas que somos, pero guardando el debido respeto por el Templo. De ahí, fuimos a la Plaza de la Libertad, homenaje al General Artigas, Libertador del Uruguay, donde quisimos entrar en el subsuelo, que es un mausoléo dedicado a su memoria, y de paso ver la urna donde reposan sus cenizas. Pero fue imposible, por la coincidencia de que hoy era el único día en que no se permitía la entrada al público. ¡Que mala suerte!. Intentaremos verlo otro día, porque según el "guía", es muy bonito por lo sencillo que es.

Urna con las cenizas del General Artigas.


Luego fuimos a la Casa de Las Leyes -lo que en España viene a ser el Palacio de Las Cortes-. Este edificio es muy bonito, digno de ver, pues todo él está hecho en mármol y donde una guía -una chica joven y muy cortés-, nos explicó detalladamente toda la historia que tiene y contiene este Palacio: desde su construcción hasta las Salas de los Diputados y Senadores, Salón de los Pasos Perdidos -que se utiliza solo para las grandes recepciones oficiales, así como tambien como capilla ardientes de algún alto mandatario de la Nación que hubiese fallecido-, Biblioteca Nacional -que está abierta a todos los públicos-, Sala de Recepciones, etc., etc. Además, esta señorita, -siempre diré que muy amable y simpática y buena relatadora de todo lo que muestra y enseña-, nos lanzaba continuas "puyitas" cuando preguntábamos por algún cuadro en especial (cuadros que representaban batallas en distintos lugares del Pais), haciendo referencia a la época en que Uruguay fue liberada del yugo de los españoles, por el General Artigas, y otros muchos comentarios que, claro está, siempre sería con los uruguayos y españoles de por medio, pero siempre a favor de los uruguayos. Bueno, nosotros nos dimos cuenta de las "puyitas", porque todos nos sonreíamos, pero no quisimos "entrar al trapo", no había por qué. Estamos de visita en un país extranjero y nos interesamos por su historia, algo que ellos si conocen y que nos enseñan, y punto. También ella se da cuenta, de que evitamos la discusión y "se la envaina", siguiendo su cometido pero esta vez, más comedida en sus relatos y explicaciones. Y al finalizar la visita, nos despidió muy amablemente diciendo que éramos unos españoles muy educados, algo que nos halagó y nos hizo sonreir. 

Salón de Los Pasos Perdidos.
 Pues volvimos al "colectivo y a continuar la marcha, y nos dió por mucha risa cuando observamos que la gente se nos quedaba mirando, viendo que disponíamos de todo un colectivo para nosotros cuatro. Bueno, pues nos fuimos en dirección a la zona donde se encuentra el Palacio del Presidente de la Nación -equivalente al Palacio de La Moncloa-. Un edificio muy modernista, de líneas muy modernas, muy lineal, pero al mismo tiempo muy feo, no tenía nada de bonito. Y algo que no le pegaba en absoluto, era la Guardia. Parecen auténticos "soldaditos de plomo", en su postura de estatuas totalmente inmóviles, bueno, esto como todas las Guardias Presidenciales.




Pero es que éstos, son el modelo del "Soldadito de Plomo". Ahí no paramos, porque no es lugar para visitar, solo pasamos por delante y... ¡adiós!. Seguimos el recorrido turístico y vimos el Estadio de futbol "Centenario", donde juegan los equipos del Peñarol de Montevideo y Nacional de Montevideo; naturalmente, no pudimos entrar porque se encontraba cerrado y luego estuvimos en un parque público de interés turístico, donde hay un monumento a los indios o gauchos, como aquí les llaman. Este monumento simboliza la colonización de Uruguay: una carreta tirada por bueyes y un gaucho azuzando a las bestias. El citado parque recibe el nombre de "Las Carretas", por este monumento y donde también nos hicimos nuestras fotos para inmortalizar ese momento.

Después, volvimos al barco, para poder comer y sacar el hambre que nos hacía sentir ya, retortijones en el estómago, por el largo recorrido que llevábamos en el cuerpo y sin apenas tomar nada. Ya era hora de que se acabara la excursión, aunque si hubiéramos tenido un buen sitio donde comer, no nos hubiera importado seguir la excursión, lo estábamos disfrutando, y mucho mejor que los de ayer.

A lo largo del recorrido, pasamos por avenidas donde nuestro chófer nos explicaba con detalle las características del pueblo, status social, nivel económico, y nivel de vida que se tiene por aqui. Y la verdad es que nos quedamos bastante sorprendidos. A su lado nosotros podríamos ser, perfectamente, de la "Jet Set".

Por la tarde, me dediqué a escuchar buena música hasta la noche en que salimos los dos Radios (Abel y Juan) y yo; queríamos cenar bien, algo típico de este lugar. Y hay que decir que lo pasamos muy bien. Fue una cena de lo más divertida, y no echamos en falta ningún tipo de compañía, tal y como estábamos los tres... nadie más. Bueno, si... aunque en realidad, si hubiera venido algún compañero más, tampoco hubiera pasado nada. Al revés, se hubiera deviertido tanto como nosotros. 

Y después de cenar, nos dimos un paseo largo, sin prisas, para hacer bien la digestión, y de paso observar y mirar el ambiente de las calles de Montevideo, como se movía la vida por aqui, viendo los comercios, las plazas, las cafeterías... Caminamos durante un buen rato, y cuando vimos que ya era un poco avanzada la hora, decidimos volvernos para el barco a descansar. Además, yo tenía que entrar de guardia al día siguiente y quería estar descansado. No me gusta trasnochar, cuando al día siguiente tengo Servicio.



En el Cerro de La Fortaleza, último bastión español en el Uruguay.