miércoles, 9 de marzo de 2011

DIARIO DEL VIAJE A LA ANTÁRTIDA. ( III )

18 de octubre de 1989.
Hoy hemos empezado el día, casi como lo acabamos ayer; había que descansar, pero no podía ser, porque había que dejarlo todo listo antes de la salida a la mar, y el trabajo que tengo en la Oficina es bastante. No porque sea mucho, sino porque no hay Oficina, no ha habido quien la llevara y así estaba todo; pero poco a poco, se va haciendo, no queda otro remedio. Mis lamentaciones de poco sirven, primero porque ahora no me van a hacer un habitáculo para que yo pueda tener todo lo referente y relativo a una oficina en si, y en segundo lugar, porque aunque se pudiera hacer... no hay presupuesto ni tiempo. Y cuando menos te lo experas, nos llaman a todos para cargar más víveres, que al principio se hace un poco pesado precisamente por eso, porque todo es peso, pero a los cinco minutos, todo va sobre ruedas, o mejor dicho, sobre  brazos, porque desde tierra hasta la cubierta -pasando por el portalón- hacemos una cadena y nos vamos pasando la carga, y cuando acaba, estamos cansados pero contentos porque nos lo hemos pasado bien entre bromas y cachondeo. Nos hemos divertido gastando alguna que otra bromita, y cuando alguna caja era de algo que nos gustaba, pues no perdíamos la ocasión y algo cogíamos para llevarnos a la boca.

En general, estamos empezando a vivir muy en camaradería, a ser buenos compañeros, a conocernos mejor día a día, y para el tiempo que nos va a tocar vivir juntos, es bueno que esto comience de esta manera y con buen pié. Y ahora llega la hora de comer, donde nos volvemos a ver todos, después de una buena ducha para quitarnos el sudor y refrescarnos. Una ducha de agüita fria viene muy bien para el cuerpo, máxime cuando aqui está haciendo un calor que no esperábamos, aunque ya se sabe que en Canarias, el clima es totalmente diferente al resto del territorio español.


Nuestro menú de hoy, ha consistido en un potaje de garbanzos con acelgas, lenguado molinera y de postre... manzana. De los garbanzos podemos decir que estaban "algo durillos", tanto, que casi podríamos ir a la guerra sin balas, porque nos valdrían como munición, pero en fin... ¡que le vamos a hacer!. El mismo Lubina se ha lamentado por esto y ha reconocido que a pesar de estar más de cinco horas a remojo, no se han podido ablandar; pero claro, tambien hay que decir, que salió el día anterior y no se acordó de ponerlos bien a remojo, y cuando llegó tuvo que ponerlos enseguida para que se ablandaran, al menos un poco. Pero bueno...


Por la tarde hemos hecho otro baldeo general del buque, para lo que hemos formado el siguiente equipo: Blanco, Vila, Carro, Wait y Morcillo (todos somo Cabos, menos el último que es Marinero, y se ha querido sumar al equipo, para divertirse un rato ya que hoy no le apetecía salir a tierra). Empezando por proa hacia popa y de babor a estribor, en parejas y uno con la manguera de contraincendios empezamos a limpiar, y ¡como no! tambien a ducharnos, porque si no lo hacemos con un poco de cachondeo, nos resulta aburrido y cansado, mientras uno va dando agua con la manguera, los otros le van dan dando al brus enjabonado para quitar todo el salitre de la cubierta, mamparos, escalas, cajas, rincones... así estuvimos unas cuatro horas. Hasta que dejamos el barco limpio como una patena, en cuanto a cubierta y mamparos se refiere, que los interiores es otra cosa y eso les corresponde a los Marineros que tienen la limpieza del comedor, los pasillos, los aseos, la ranchería (que es donde se lavan todas las bandejas de la comida, la cubertería, cristalería, jarras, fuentes, etc.


Baldeando con la contraincendios de proa  a popa
Una vez que hubimos acabado, lo celebramos con una botella de whisky (invitación del Segundo Comandante) por el trabajo tan bien hecho, pero más que nada para matar el frío que habíamos cogido con tanta agua. Lo mejor y más bonito, es que no nos importó que otros compañeros salieran francos a tierra, porque también ellos habían hecho su trabajo, bien en máquinas, limpiando interiores, ordenando los pañoles, arranchando bien la despensa, la frigorífica, etc. Cuando acabamos, nos dimos una buena ducha de agua dulce, y nos dispusimos a ver el partido de futbol que daban por la tele, entr el Milán y el Real Madrid en el torneo de la Copa de Europa. Y después del partido, cada uno hizo lo que quiso. Unos se fueron para cubierta a tomar el fresco, otros a llamar por teléfono y otros se quedaron en el comedor viendo la tele, mientras la noche seguía avanzando.


Hoy si me arreglé para salir franco a tierra y lo hice con mi compañero Antonio -uno de mis tocayos, y el Electrónico de a bordo- para dar una vuelta por la ciudad, para respirar otro aire, ver el ambiente callejero fuera del recinto del Arsenal. Y la verdad es que no duramos mucho, ya que estábamos muy cansados y el cuerpo no nos pedía mucha marcha, así que después de darnos un buen paseito, decidimos volvernos al barco para descansar. Ahora seguro que a bordo, el ambiente estaría tranquilo y podríamos descansar a pierna suelta.


La anécdota de hoy, o la broma (como se quiera llamar) ha recaído sobre mi persona, ¡me tenía que tocar a mí!. Después de la faena del baldeo y tomarnos los "güisquis", me fui a duchar como todos, pero antes tuve que hacer mis necesidades y en plena "tarea", me echaron un cubo de agua por encima de la puerta, mojándome todo lo que se podía mojar; y allí me ve ves, mejor dicho, allí se me puede escuchar maldiciendo hasta en arameo (que ese idioma no lo sabía yo, pero así fue) porque claro, piensas que ya no te dejan hacer tus "cositas" en la tranquilidad e intimidad de ese espacio reducido donde solo se entra para una cosa; pero no se contentaron con eso, no, ¡que va! porque cuando estaba en la ducha, me cerraron la puerta por fuera y vuelta a echarme más agua, pero esta vez, fría; y menos mal que yo me estaba duchando tambien con agua fria y no me dió mucha impresión, pero el susto si me lo dieron. Pero el caso es que las dos veces que pude salir de mi "encierro" para ver quién había sido el "gracioso de turno", no pude ver a nadie, y por supuesto, nadie había visto nada, a nadie, ni oido nada. En fin... luego supe quien había sido, pero todo quedó en eso, en una broma que como muchas más se irían haciendo a lo largo del viaje y tampoco es que me sentara mal, pero había que hacerse respetar un poco, pero así no había manera. Además, como novato a bordo tendría que aguantar con alguna broma más. Lo malo es que ya no puedes hacer "tus cosas" sin que te bañen y que cuando te bañes, te quieren bañar más todavía, pero bueno, que todo sea como esto. Ya aprenderán a tomarse un poco más en serio la veteranía y tu antigüedad y entonces, las bromitas serán menos "dañinas" pero siempre con la "puyita" tirada, para solaz del resto de los presentes o compinches.

Dia 19 de octubre de 1989.
Hoy es el último día de estancia en Las Palmas de Gran Canaria, por lo tanto, también en España, antes de que arrumbemos al puerto de Salvador de Bahía, en Brasil.


Por la mañana hemos tenido limpieza general en interiores: Cámaras, camarotes, aseos, pasillos, comedor, cocina, ranchería, lavandería, puente... porque va a venir el Comandante General de la Zona Marítima de Canarias a visitar el buque y despedirnos para que tengamos una muy buena navegación. Y no es que estuviera todo sucio -se limpió todo el día anterior-, pero había que adecentarlo un poco más, lo mejor posible, para que tuviera una buena presencia ante el Almirante. Creo yo, o mejor dicho, creemos que se habrá llevado una buena impresión, porque nos hemos esforzado en que esté en perfecto estado de policía.


Es como si dijéramos de la visita oficial de un Ministro a un Centro Oficial, donde le enseñan todas las intalaciones, acompañado por el Director General de ese Centro, indicándole y explicando los servicios de cada sitio. Pues esto fue igual, el Almirante y sus acompañantes, acompañados de nuestro Comandante que le va explicando los pormenores y presentando a los miembros de la dotación que por allí hubiera. No cabe duda de que se fue satisfecho de ver un buque tan limpio y ordenado, su dotación en perfecto estado de policía, y el barco... este barco tan pequeño, que va a iniciar su Segunda Campaña Antártica. Me estoy empezando a dar cuenta de la envidia (sana) que se nota en la cara de otros compañeros con los que hemos coincidido, y por momentos, me voy sintiendo más a gusto.


Después de la visita, hemos vuelto a la faena: yo a lo mío, que es la oficina, y los demás a lo suyo. Pero lo curioso es, que como no dispongo de oficina, soy "ambulante". Me explico -aunque creo que no hacen falta las explicaciones-: Veamos, si estoy trabajando en el Puente... me echan de allí, porque tienen que preparar las cartas náuticas y marcar la derrota a seguir. Bien, pues me voy al laboratorio que allí no molesto a nadie y estoy apartado del bullicio del interior. Y cuando empiezo a trabajar, me vuelven a echar de allí porque van a meter las cajas de la bebida (Coca-Colas, Fantas, Cerveza, Agua mineral...), y necesitan todo el espacio, por lo que decido irme al comedor, a ver si por lo menos puedo acabar lo que me queda pendiente antes de salir a la mar, y aprovechando que en este compartimento no hay nadie... de momento.


Y asi es, ¡por fin lo terminé todo!; acabo antes del reparto de la comida, por suerte para mi, porque si llego a tardar un poco más, hubiera tenido que "emigrar" a otro sitio (¿?).


Nuestro menú de hoy: lentejas, filetes con patatas fritas, vino y de postre: plátano (que por algo estamos en Canarias) y yogurt. Nos vino muy bien, para reponer fuerzas, y hoy estaba muy buena la comida, será porque a mi me gustan mucho las lentejas, no sé, pero hoy estaba muy rica la comida.


Después de comer, y una vez que se ha limpiado el comedor, continuo con la labor para terminar los últimos detalles y recoger todo para dejar toda la correspondencia oficial y particular en el Patrullero "MEDAS", para que al día siguiente la lleven a la Estafeta Naval. Por la tarde, salen varios a tierra para hacer las últimas compras, y cuando anochece, van presentándose a bordo unos con las compras hechas y otros con sus respectivas familias (quien la tenía aqui): esposas, hijos, novias, amigos y amigos, compañeros... Realmente no hay mucha gente para la despedida porque tampoco es una buena hora para salir a la mar y menos, de una despedida oficial como ya sucediera en la anterior Campaña.

Atardecer en el Atlántico
A las 21.00 (hora insular) se oye la voz de "Preparación del buque para salir a la mar" por todos los altavoces de a bordo, e inmediatamente, se ve un trasiego de gente que va de un lado a otro, cada uno comprobando lo que le corresponde para que esté todo en perfecto estado y no falle nada a la hora de soltar amarras. Se comprueban equipos, alarmas y sirenas en el Puente de Mando; se miran y comprueban las estachas para que estén un poco más flojas y sin llegar a tensar... Todo está en orden. Van llegando más personas para despedir al barco y a los tripulantes; tambien va llegando la hora de la partida: las 22.00 horas de este último día en tierra española, hasta dentro de seis meses.

Personalmente no tengo a nadie que vaya a despedirme, porque todos quedaron en Cartagena, lo mismo que otros compañeros, pero de todas formas estoy sintiendo el nerviosismo de la partida, que no es como cuando sales para unas maniobras en otra Zona Marítima distinta a la que perteneces, sino que vas al ¡¡POLO SUR!!, ¡¡A LA ANTÁRTIDA!! y nada menos que durante un periodo tan largo, algo muy parecido a lo que le sucede al "JUAN SEBASTIAN DE ELCANO", con la salvedad de que éste es un Buque-Escuela y hace muchas escalas en varios países del Mundo, mientras que nosotros estaríamos bastante tiempo sin ver ni tocar ningún puerto extranjero.

A las 21.50 se oye mi voz -que muy probablemente algunos maldecirían- por los altavoces que dice: "Babor y Estribor de Guardia, Babor y Estribor de Guardia". En un minuto todo el mundo está en sus puestas y se da la novedad al Segundo y éste le da la novedad al Comandante. Se da la orden de quitar el portalón y una vez que está a bordo, empieza a dar la orden de "Toldilla, ¡larga spring!, Popa,¡larga todo!" y por último, la última voz que nos desata del muelle, de tierra española y de los nuestros... "Proa, ¡larga todo!, caña a la vía, atrás Babor!" y poco a poco el buque se va separando del muelle, desatracando marcha atrás, para poder virar en la punta del muelle y salir a la ensenada del Puerto de Las Palmas, mientras comienzan a levantarse los brazos de los que están en tierra para despedir a los que iniciamos esta nueva singladura, y también nosotros saludamos con las manos, con las gorras...

Es triste, pero es así, desde el Puente observo como algunos pañuelos salen, no para flamear al viento, sino para secar las lágrimas que se escapan sin que se pueda evitar, y a mi se me hace un nudo en la garganta, cuando oigo decir al Comandante "Vamos a salir rápido ya de una puñetera vez, que esto de las despedidas es muy jodío" (él tenía a su esposa e hijos en el muelle), y la verdad es que tiene razón. A mi no me gustaron nunca las despedidas, por eso, porque no quieres llorar, pero siempre se te escapan las lágrimas sin que lo puedas evitar y no quieres que te vean llorar. Es así, y cuanto antes se acabe... mejor.

Cuando pasamos por delante de la "ATREVIDA" (atracado al otro lado del muelle del Arsenal), también no saludaron como despedida, y nosotros como respuesta, damos una pitada larga, larga, que se va perdiendo en el silencio de la noche. Enfilamos la salida del puerto y cuando salimos a mar abierto, se toca "Retirada de Babor y Estribor de Guardia. Entra Primera Guardia de Mar", por lo que me pongo a la caña (el timón), rumbo 215, mientras miramos como está la mar, para cogerla lo mejor posible y que el barco vaya cogiendo un movimiento uniforme. Y poco a poco, lo conseguimos.
Tengo que aclarar en este punto, el por qué entro de guardia en el timón. La razón es sencilla, no tenemos Marineros Timoneles, por lo que esas guardias, nos las tenemos que repartir entre los Cabos Profesionales, que más tienen que ver con el Puente. En este caso, yo por el ser el Escribiente y el que va llevando la Crónica del Cuaderno de Bitácora, el otro es el Electrónico, que por eso de que tiene que andar tocando los equipos electrónicos como el radar y otros, pues tambien, y el tercero, es el Cabo Maniobra que por su especialidad debe manejar tambien el timón. Así pues, las guardias de timón en el Puente, las montamos por antigüedad, el Escribiente, el Electrónico y el Maniobra (de los dos que hay, el más veterano). A las 12 de la noche, entra la Segunda Guardia de Mar, acaba el día y yo... termino de escribir el Diario y me marcho a dormir, pensando un poco que a partir de mañana solo vamos a ver agua y más agua, mar y más mar, por donde quiera que mires, y cuanto tiempo estaremos sin cruzarnos con otros buques, que la mar es muy grande y ancha. Y con estos pensamientos y el balanceo del barco surcando las olas, poco a poco fui cayendo en los brazos de Morfeo...











DIARIO DEL VIAJE A LA ANTÁRTIDA. ( II )

Dia 15 de octubre de 1989.
Esta mañana amaneció el día claro, pero con la mar pegando por el través de babor, y el barco se movía que era un gusto por lo que la mayoría del personal que no estaba acostumbrado iban incomodos, y a pesar de que hace tiempo que no he navegado, todavía no he empezado a sentir ningún tipo de molestias estomacales, y espero que esto sea así durante mucho tiempo, ya que no me gustaría nada, ser uno de los muchos que "echan la pastilla por la borda", aunque no por eso se dejar de ser buen marino, ni mucho menos. Hay quien lleva toda su vida en la mar, y no puede evitar el tener que "echar la pastilla", pero sigue siendo marinero y de los buenos.

En el Puente, se han hecho comentarios de lo que se iba a realizar al llegar a la Antártida: los expedicionarios que embarcarían, el tipo de ropa que nos proporcionarían para no pasar frío (ya que nosotros no disponemos de ropa para "gran frío"y solo disponemos del chaquetón de mar que tenemos a bordo), el tiempo que ibamos a estar allí abajo -¡nada menos que 100 días!-, que trabajos se realizarán y como podría ser el viaje de vuelta, allá por el mes de abril (¡que lejos queda todavía esa fecha!). Los "veteranos" ya nos iban diciendo que fuéramos poniendo bien ordenadas las taquillas y los cajones de las literas, para ir haciendo sitio a toda la ropa que nos iban a entregar, pero no nos hacíamos una idea de como iba a ser el "equipaje" que nos proporcionaría el personal de la Expedición cuando embarcaran.

Nuestro Mayordomo, conocido popularmente por los antiguos componentes del barco con el sobrenombre de "El Lubina", nos ha sorprendido hoy con unos entremeses para hacer boca: queso, jamoncito, rodajas de lomo curado..., y a continuación nos tenía preparado pernil de cerdo bien surtido, de manera que quedamos un poco llenos, y después rematamos con el postre. Por comentarios de los "supervivientes" de la Campaña anterior, tenemos con nosotros a un buen Mayordomo, por lo que podemos esperar que alguno de nosotros llegue con algunos kilos de más cuando regresemos a casa (¡ojalá que no sean muchos!). Lo que quiere decir, que vamos a estar bien alimentados. Porque una de las bases para no pasar mucho frío y almacenar suficientes calorías, es comer bien, y comida que lleve muchas calorías, para que en un momento determinado no nos puedan las bajas temperaturas.

Y después de estos comentarios, decir que hoy es domingo y que como es fiesta, hay que descansar. Que en domingo no se trabaja... de momento. Por lo tanto, dejo esta redacción al final del día y me voy al camarote para meterme en mi litera, y con las cortinillas echadas y la luz encendida, leo durante un buen rato hasta que me va entrando el sueño (llevo como tema de lectura la trilogía de "Caballo de Troya").

16 de octubre de 1989.
Y después del descanso... ¡a la guardia!. Son las 04.00 horas de la mañana, y nos toca hasta la entrada a puerto. Llegamos a Las Palmas de Gran Canaria (lugar donde ya estuve destinado desde 1981 a 1984 en los Patrulleros "MEDAS" y "VILLA DE BILBAO").

Después de tanto tiempo, volver a visitar esta ciudad es bonito y gratificante, aunque uno no sabe como se la va a encontrar; espero que siga como cuando la conocí, pero sé que es un poco difícil, aunque mantengo la esperanza de que algo quede de todo lo que vi y conocí allá en los años 81 a 84.


Zona del Club Náutico, junto a la Base Naval de Las Palmas

Bueno, pues aqui es donde tenemos la primera anécdota, y esperamos que no sea la última a lo largo de toda la Campaña. Sobre las 06.00 horas de la mañana -ya del día 16- y teniendo a la vista la ciudad de Las Palmas, intentábamos -el Oficial de Guardia y yo- localizar el faro verde del espigón del puerto de La Luz, que no se veía a causa de una gran niebla que ocultaba toda la entrada del puerto, pero después de estar fijándonos durante un tiempo, descubrí que habían llamas. Si, en efecto, han leido bien, llamas de fuego; y le comenté al Oficial que aquello no era niebla, sino algo grande que estaba ardiendo. Él decía que... "eso es imposible, como iba haber fuego en la entrada del puerto". Seguimos mirando con los prismáticos. Había una gran llamarada y una espesa humareda blanca, que en efecto hizo que creyéramos que era niebla según nos íbamos aproximando y teníamos que llevar mucho cuidado, porque hay muchos barcos fondeados y no se puede uno despistar sino quiere colisionar con alguno de ellos. Entonces, yo le dije que mirara más allá de los espigones del puerto, que no se veía nada de niebla, e incluso por detrás de nosotros y por la parte de la ciudad que quedaba a nuestro través de babor. Después comprobamos, que efectivamente, era fuego a bordo de un pesquero y que ya lo sacaban remolcado fuera del puerto, para evitar un peligro mayor con los buques que estuvieran atracados cerca de éste.

A las 07.30 horas se tocó "Babor y Estribor de Guardia" (esta va a ser una de las voces que a lo largo de la Campaña, se oirá mucho), que es la voz que se da para que el personal de la dotación esté preparada para la maniobra de atraque del buque, o en caso de emergencia u otra circunstancia, fondear (tambien se oiría mucho la voz de "Personal de castillo y puente, acudan a sus puestos"). A las 08.00 horas estábamos dando honores (y digo bien, ya que esta es la expresión habitual de saludo en la Armada, cuando te cruzas con otro buque, aunque esté atracado en puerto), al "VELASCO", "VILLA DE BILBAO", "ATREVIDA", "FERROL", "CONTRAMAESTRE CASTELLÓ" y "MEDAS" (en este último estuve destinado en Canarias, como ya he comentado anteriormente, "recién salido de fábrica", es decir, cuando estaba todavía en construcción; y posteriormente en la "VILLA DE BILBAO"). Por fin atracamos y el buque queda parado hasta la próxima salida, que será Dios mediante el día 19, si no surgen impedimentos de última hora.

Para evitar que algo salga mal, se trabaja a "destajo", asi que desde el momento en que se toca "Retirada de Babor y Estribor de Guardia", todo el mundo a "currar" cargando víveres para la Campaña (ya teníamos a los camiones esperando en el muelle para empezar a descargar el material que nos traían). Inmediatamente empezaron a llegar los obreros para ponerse de lleno en las obras de última hora, que había que hacer antes de la partida y que previamente se habian comunicado por mensaje al Jefe del Arsenal para que estuvieran preparados a nuestra llegada. Paramos a las 15.00 horas para comer unas buenas chuletas con patatas fritas y tomate en salsa; después de la comida, un rato de charla mientras tomamos el café, pero mientras se come hay las típicas bromas con los de siempre, que son generalmente los de más confianza, como es el caso del Contramaestre o el Electricista de Cargo, que se sienten muy bien y muy compenetrados con los Cabos (que somos un total de 11), o como ellos dicen familiarmente "con la Cabada", a pesar de que todavía no nos conocemos del todo bien, pero vamos entrando en familia, que se hace familia con el roce diario, en la cual ya nos hemos bautizado cariñosamente casi todos.

Por la tarde, sobre las 19.00 horas, he salido para ver a mi buen amigo Manel, que está destinado en un Buque Aljibe, el "CONTRAMAESTRE CASTELLÓ" y después de tomar unas copas, refrescando la memoria y viendo sitios que conocía y por los que antes solía ir, volvimos cada uno a su buque de destino y a esperar otro nuevo día. Al llegar al barco, cuando entras en el comedor, encuentras al de guardia, pendiente del personal que va llegando. Alguien está viendo una película, otros se están preparando un café, mientras hay algunos que todavía están liados haciéndose la litera. Pero todo está en silencio. No se oye ruido del motor... totalmente en silencio, pero si se huele el "olor a barco", ese olor tan característico que tienen los buques en sus interiores. Me hace recordar y valorar si es tan intenso como el de los otros buques en los que he estado... y pensando esta soberana tontería, me voy para cama... que mañana será otro día y no sabemos lo que nos depara. Buenas noches.

17 de octubre de 1989.
Hoy estoy de guardia, pero he tenido que pedir permiso para ir al Hospital Militar, para que me extrajeran una muela que no deberá causarme ninguna molestia por allí abajo, ya que en Cartagena no pude hacerlo a causa de una visita oficial al Hospital Militar, por lo que me dieron un escrito para que cuando llegara a Canarias, no tuviera que esperar cita ni nada de nada. Asi fué, cuando me presenté al Odontólogo y le dije a lo que venía, no me hizo esperar nada. Me atendió rapidamente mientras me preguntaba cosas sobre el viaje; claro, yo no podía decirle mucho en la situación que estaba (con la boca abierta de para en par). Y después de quitarmela, volví al barco y otra vez a la faena de seguir cargando víveres, y es que... no vamos de viaje turístico precisamente -aunque hay quien piense que si-; por la tarde... baldeo general del barco de arriba a abajo, porque tenemos 28ºC de temperatura y hace calor, y se suda de lo lindo; así que nos pusimos en pantalón corto y agarramos la manguera de contraincendios y entre baldeo y baldeo, nos baldeábamos nosotros tambien, y asi podemos continuar haciendo el trabajo... pero fresquitos.
¿Como estaría el que me hizo la foto, que me sacó por triplicado...?

El menú de hoy, estuvo compuesto de filete con lechuga y pescado frito, y de postre, sandía, que eso refresca un poco la garganta; un buen "cafelito" y un rato de charla, en la sobremesa, antes de continuar con el baldeo del buque, que ya queda menos.

Después de tan refrescada faena, la cena y ver como tus compañeros se van a la calle, francos de servicio, a disfrutar del ambiente nocturno de la ciudad mientras tu te quedas como responsable de Seguridad del buque -de Suboficial de Guardia- hasta el día siguiente, en que esta función le toca al siguiente y tu puedes salir franco, a disfrutar lo que el día anterior no pudiste. O ir a esa tienda de la que te han hablado para comprar algunos carretes de fotos, o cualquier otra cosa que te hace falta, que es de necesidad, porque ya no podrás comprar nada hasta que llegues al siguiente puerto y eso iba a tardar un poco más de tiempo.

martes, 8 de marzo de 2011

DIARIO DEL VIAJE A LA ANTÁRTIDA. ( I )


DIARIO DEL VIAJE A LA ANTÁRTIDA DURANTE LA CAMPAÑA DEL VERANO AUSTRAL 1989/1990



Antonio Vila Rosales, Cabo Primero Veterano Escribiente, componente de la 
Dotación del Buque Oceanográfico "LAS PALMAS" (A-52).


(Quisiera recordar aqui, en este momento, a quien empiece a leer esto, que no se trata de un libro de aventuras, ni una novela. Solo se trata de la opinión particular de un miembro de la dotación, que ha querido hacer un Diario personal de lo que ha sido su experiencia y vivencia en estas latitudes, así como su Primera Campaña Antártica. Esto, tambien supone una experiencia para quien lo escribe).



11 de octubre de 1989.- Partida hacia San Fernando (Cádiz).
Salí de Cartagena a eso de las 08.30 de la mañana con destino a San Fernando, pero previamente, tendría que bajarme en la Estación de Alcázar de San Juan, para enlazar con el tren que bajaba de Madrid a Cádiz. A las 21.00 horas llega el tren "Torre del Oro" a la estación de San Fernando (Cádiz). Con mi orden de destino, me presento en el Estado Mayor de la Comandancia General de la Zona Marítima del Estrecho, para canjearla por otra en la que dice que embarco en el Buque Oceanográfico "LAS PALMAS", y después de saludar a un Comandante con el que navegué en aguas saharianas, marché al Arsenal de La Carraca, donde se encuentra el buque de mi nuevo destino.

A las 22.15 embarco y después de presentarme a mis nuevos compañeros, me voy a dormir, pues la salida del buque está prevista para las 09.00 horas de la mañana, y el viaje en tren hasta aqui ha sido un poco largo y pesado, después de tanto tiempo de no viajar en él, por lo que el cuerpo pedía con urgencia un descanso inmediato.

12 de octubre de 1989.- Salida del buque.
La salida que estaba prevista para las 09.00 horas, se ha retrasado bastante, pues nos hemos encontrado con que soplaba un fuerte de viento de Levante que hace difícil la salida por el Caño de San Fernando, embocando para el puente "José León de Carranza" y salir a la Bahía de Cádiz. Mientras tanto, se ha estado preparando el buque para salida, ultimando todos los detalles propios de una salida a la mar. En la cubierta, comprobando que todo esté bien estibado, que no haya nada suelto, que las estachas estén bien.... en interiores, recogiendo todo y guardándolo en su respectivo sitio, dejando limpio el comedor y los camarotes... la cocina, preparada con los protectores de los fogones, por si hubiera meno en mar abierto, que no se caigan las perolas al suelo... en máquinas, preparados y con los motores a punto... en el Puente de Mando... en el Puente de Mando es un hervidero, un Oficial por aqui, cogiendo y sacando cartas náuticas y poniendolas sobre la mesa de derrota, preparando todo para el momento que se diera la orden de salida... la Radio, tambien con las escuchas abiertas y comprobando todos los aparatos... lo típico de estos momentos tan especiales, cada vez que un buque se hace a la mar.

Al ser el único Escribiente, he llegado -al parecer- como el alimento deseado, pues estaban algo más de un año sin nadie que llevara el papeleo propio de un buque, por lo que el Mando ha depositado su confianza en que pueda llevar bien y sin dificultad alguna todo aquello que debe pasar por manos del Escribiente de a bordo.

A la hora de comer, o por lo menos, cuando ya estábamos a la mitad de la comida (ensaladilla rusa, patatas fritas con chuletas de cerdo, manzana y vino), se ha tocado "Babor y Estribor de Guardia", gracias a que amainó el Levante y descargó en agua; a las 15.30 horas cruzamos por el puente "José León de Carranza", viendo todos los vehículos parados y mirando como cruzamos por debajo de ellos, preguntándose quizás, adonde iríamos, aunque tambien es probable que alguien de los que nos estaba viendo, supieran hacia donde iba ese barco pintado de color rojo que está pasando por debajo del puente. 

Nuestro derrota era en dirección al puerto de Las Palmas de Gran Canaria, rumbo 222.

Mientras se salía de la Bahia de Cádiz, se pueden oir comentarios como "... bueno, Cai, hasta dentro de seis meses que nos volvamos a ver de nuevo", o "...vaya salida más triste que nos llevamos: viento de Levante, un poco, pero agua si que está cayendo..."

En efecto, hasta las 17.00 horas en que salí de guardia en el Puente de Mando, estuvo lloviendo, y como la dotación de Marinería es muy escasa (solo van 6 marineros de Reemplazo, pero voluntarios para este destino), pues tenemos que ir los supervisores de la guardia al timón, y de repente, tiene uno la sensación de que en esos momentos eres el conductor de un gran autobús, pero que ni hace paradas, ni abre las puertas, ni cobra el billete, y por supuesto, nadie se puede bajar de él, a no ser por algo realmente grave o bien que se tire "al salto" y caiga por la borda.

Asi ha empezado esta gran aventura que va a ser la Expedición a la Antártida (su segunda Expedición y la primera mía), ¡EL VERANO AUSTRAL!, dejando atrás a la familia, los amigos y todo lo que hasta ahora se disfrutaba; ahora vamos a disfrutar, pero de otra manera, aunque todavía no hemos pensado como va a ser esto (me refiero al nuevo personal embarcado). De momento, mientras unos van de guardia, otros van descansando en los camarotes, o en el comedor viendo alguna película de video, e incluso echando alguna partidita de dominó, para pasar el tiempo libre y empezar a conocer a la gente, empezar a intimar con ellos, porque nos vamos a tener que ver las caras durante seis meses, las 24 horas del día; entonces, conviene ir conociendo a todos para saber como son, de donde son, que hacían antes de venir aqui.... Ahora, solo nos tenemos a nosotros, y nosotros tenemos que hacer que esto sea una gran familia. El tiempo lo dirá.

Esto es la proa de mi barco, y yo abajo
14 de octubre de 1989.
Hoy sigue el día como puede ser otro cualquiera en la mar: en la guardia de puente vamos oyendo un poco de música y por los interiores, pues lo de siempre -que seguramente será la tónica diaria durante mucho tiempo-, charlando sobre las incidencias de la navegación, ...que si se mueve mucho el barco..., ...que ya nos queda menos para llegar..., ...que cuando llegue a puerto, no sigo... Y de verdad hay un Marinero que dice esto, que es demasiado para su cuerpo y que cuando lleguemos a Las Palmas, va a pedir el desembarco, porque él no se pensaba que se iba a mover tanto y que es superior a sus fuerzas (el susodicho Marinero es de Madrid y no pensaba ni por un momento que el barco se moviera de esta manera.

Intentaré contar nuestro menú diario (aunque muchas veces se me olvidará ponerlo, seguro, pero intentaré que no suceda), para que se vaya viendo la alimentación que tenemos y contar algo sobre los pormenores de los cocineros. Por de pronto, decir que hoy, nuestro menú ha consistido en una buena fabada, pollo al horno con patatas y de postre, manzana. Si esto sigue así, desde luego vamos a estar bien alimentados y allá abajo, lo tenemos que estar para no perder calorías y poder hacer frente al inclemente frío que nos espera. Yo no sé que frío vamos a tener, porque  los wque estuvieron en la Campaña pasada, todavía no nos han contado mucho de como es aquello, pero si vamos al Polo Sur, indudablemente no vamos a tener que poner al aire acondicionado.

Por la noche he estado trabajando en el ordenador del Puente de Mando, ayudado por el Teniente Habilitado (el encargado de pagarnos), que se ha prestado a echarme una mano, y a uno que no ha tocado nunca un aparato de estos, le ha resultado ser una novedad más que interesante (yo soy de la vieja escuela y las únicas máquinas que conozco, son las habituales y corrientes de una oficina, más conocidas como "las de pedal"). Espero que más adelante, le pueda ir sacando fruto a esta maravilla de informática.

Después se ha conectado la radio, para oir a través de las ondas herzianas, los partidos de futbol de la competición de Liga, correspondiente a esta temporada 89/90, y que nosotros no vamos a poder seguir durante mucho tiempo, así que nos tendremos que conformar con escuchar los resultados a través de las emisoras que se puedan conectar, para estar un poco al tanto de como los equipos y sus clasificaciones, porque a bordo, hay seguidores de eternos rivales, como son los del Barça y los del Real Madrid.


EL B/O "LAS PALMAS" (A-52) REGRESA DE NUEVO A LA ANTÁRTIDA.

De mi primer viaje a la Antártida: una aventura maravillosa, edificante, instructiva y que nos hizo aprender muchísimas cosas que la mayoría de nosotros desconocíamos por completo.
El "Las Palmas" en Bahia Sur,  frente al glacial Johnnson y la B.A.E. "Juan Carlos I"
Por segunda vez, el "LAS PALMAS", un buque de nuestra Armada ha efectuado una Campaña Científica en la Antártida, coincidiendo con el Verano Austral 89/90.

Este buque de 40 metros de eslora ha sido transformado de Remolcador en Buque Oceanográfico, y el que lo haya vista en su primera época, pintado de gris y haciendo las labores propias de su condición, no podría casi reconocerlo por dentro, y si me apuran, tampoco por fuera.
 
Ha durado la Campaña más de seis meses desde la salida de La Carraca -en San Fernando (Cádiz)-, un feo y triste 13 de octubre de 1989, sin nadie de quién despedirse, hasta el regreso el 20 de abril de 1990.

Para un viaje de esta duración muchos son los preparativos que hay que hacer con el convencimiento de que el barco tiene por si mismo que ser autosuficiente en todo durante el tiempo de permanencia en la Antártida.
 
Asi pues, se fueron adquiriendo, comprando, consiguiendo por todos los medios disponibles en la Armada, los materiales, artículos y efectos de consumo que previsiblemente necesitaríamos, además de una buena cantidad de material de reparaciones de todo tipo.
 
No fue tare fácil imaginar hasta que reparación podríamos hacer frente por nuestros propios medios y hubo que embarcar materiales de todo tipo, repuestos de todo lo que podíamos y artículos de lo más diverso.
 
Tuvimos serias dificultades en conseguir los artículos de Navidad en el mes de septiembre, en un San Fernando todavía en época veraniega.
 
Se pasaron bastantes apuros durante la carga y estiba del material de los diversos organismos científicos participantes en la Campaña. La bodega pronto se quedó pequeña y hubo que empezar a estibar en los lugares libres del interior del barco. No queríamos llevar nada en cubierta, ya que sabíamos que la mar no iba a respetar nada de lo que cayese en sus manos, como tuvimos oportunidad de comprobar varias veces a lo largo del viaje.
 
Se fue acercando el día de la salida de La Carraca. Queríamos tener todo listo, que no nos faltase de nada y se trabajó hasta muy tarde esos días.
 
Llegó el momento de la partida y en el pensamiento de todos estaba el que era mucho tiempo el que íbmos a pasar juntos en el barco y muy lejos además, dejando atrás una familia.

Nada indicaba que iba a ser una Campaña fácil y sin problemas y así, nada más salir se recibe un mensaje en el que nos informan del cambio de planes en relación con la gente que va a embarcar. No se dispone de avión para transportar al personal expedicionario desde el Continente Sudamericano hasta la Antártida, asi que tendríamos que transportarlos a bordo del "LAS PALMAS". Esto supone que en el Arsenal de Las Palmas de Gran Canaria, primera escala del viaje, nos instalen otra balsa salvavidas además de chalecos para así poder disponer en número suficiente para todos.
 
Allí en Canarias, se terminó de formar la dotación del buque y así, casi sin conocernos, pusimos proa al Continente Sudamericano, el 19 de octubre de 1989.
 
No se portó la mar y el tiempo bien con nosotros. Parecía que quería probarnos y saber lo que éramos capaces de aguantar. Estos nos confirmaron dos cosas: una, que al barco le podían poner por delante la mar que quisieran, que estaba preparado para ello; y otra, que dentro íbamos personas que sentíamos y padecíamos. Al llegar a Salvador de Bahía (Brasil) no hubo más remedio que repatriar a un Marinero que desde la salida de Cádiz solo se había podido levantar de cama en puerto.
 
Las siguientes navegaciones no fueron mejores pero la dotación se iba curtiendo y acostumbrando al buque que por otro lado, se portaba muy marinero. Los grandes balances y golpes de mar impedían el circular por las cubiertas y la cubierta principal estaba siempre bajo el agua.
 
Se pasó del calor sofocante e insoportable del Ecuador, al frío cortante de Punta Arenas (Chile), ya a mediados de Noviembre.
 
La entrada por el Estrecho de Magallanes fue espectacular. Había un temporal con vientos de 60 y 70 nudos que le hacen pensar a uno las dificultades de la navegación a vela por estas aguas restringida en época de los descubridores.
 
La navegación entre Punta Arenas (perteneciente a Chile) y Ushuaia (perteneciente a Argentina) es una delicia, siempre a través de innumerables canales de esta tierra llamada "Del Fuego" por los antiguos españoles, debido a las hogueras que por la noche se encendían en los numerosos poblados de los indios y que hoy en día se han transformado en las llamas de las plataformas petrolíferas y de extracción de gas natural, enclavadas en el Estrecho de Magallanes, por lo que el nombre sigue siendo aún válido.
 
Conforme se va avanzando por los Canales, se va advirtiendo a la dotación de los accidentes geográficos más notables. Los ventisqueros "Romanche", "España", Italia", etc., se van dejando atrás. Se ven los primeros hielos en el agua. No son grandes, pero para casi todos es el primer contacto con los hielos flotantes. No hay problema, ya que es "brass" que desprende el glaciar que llega hasta la orilla desde lo alto de la montaña en un paisaje de bosque de lenga (parecido al pino, pero achatado y pequeño, de poca altura). Se caen unos grados de rumbo ya que la prudencia va a ser una de las claves para llevar a buen término la Campaña.

Agua del glaciar que cae al mar en cascada
Por fin entre los numerosos Canales, se llega al del Beagle, donde se situa la frontera entre Chile y Argentina y se entra en Ushuaia en la margen norte de dicho canal.
 
Se efectúa el último aprovisionamiento antes de salir para la Antártida, se rellenan las frigoríficas a tope, las cajas de verdura hasta por los pasillos, la sala de máquinas llena de cajas de bebida, en el servo las conservas, a popa del puente las patatas que inutilizan una banda de la cubierta 02. En la Escuela Naval Militar, se enseña un refrán que dice: "En la mar, de lo que lleves... comerás" e iba a ser aqui, rigurosamente cierto. No nos iban a dar nada en la Antártida y todo lo que se lleva vale, ya que puede hacer falta en alguna ocasión. Si cabe... se embarca, que ya habrá tiempo para consumirlo.
 
Allí en Ushuaia embarcan los expedicionarios civiles y militares que conjuntamente van a trabajar en los distintos programas de investigación.
 
Se hace un esfuerzo por parte de todos y se reparten las camas, los colchones por los suelos y los sillones del barco, que en algún sitio hay que dormir.
 
Si espacio hay poco, ilusión les sobra a estos expedicionarios de los que hay muchos que es la primera vez que navegan y lo hacen nada menos que en el Mar de Drake, uno de los más tempestuosos del mundo.
 
Como la mar está fea ahí fuera, se espera a que mejore y se logra cruzar hacia la Antártida en unos días no demasiado malos.
 
El 29 de noviembre se entra en el Archipiélago de las Shetland del Sur, fondeando por la tarde frente a la Base Española "JUAN CARLOS I" en la Isla de Livingston. En una sencilla y emotiva ceremonia, rodeados por un paisaje de hielo y nieve, se iza la Bandera Española en tierra, señalando nuestra presencia en la Zona.

Pronto se comienza a trabajar, se comprueban los contenedores instalados en tierra alrededor de la Base y al día siguiente se sale del fondeadero dirigiéndonos a una isla situada unas millas al sur, llamada Isla Decepción. Esta isla es un cráter de un volcán de unas 5 millas de ancho en su interior y que la naturaleza ha querido dejar un estrecho paso para ofrecer, una vez sorteado, un refugio seguro a los navegantes que osen cruzarlo.
 
Que no todos lo consiguen dan fe los restos oxidados de un buque encallado en uno de sus márgenes (ocurrió este suceso un 31 de Diciembre por la noche de unos años atrás).

En el interior de Decepción se instala el Refugio Observatorio "GABRIEL DE CASTILLA", llamado así por ser este Almirante español, el primero en avistar la Antártida.
 
Este refugio permitiría a los científicos observar la actividad del volcán todavía activo que tienen a sus pies. Se despliega una red de sensores por toda la isla y se registran en el Observatorio los datos que continuamente emiten las estaciones sísmicas desplegadas.
 
Mientras tanto, el "LAS PALMAS" no para. Se dedica a navegar haciendo Oceanografía, Hidrografía, Geofísica, Logística de Bases, estudios de fauna, buceo bajo hielos, se aguantan temporales, se aprende de hielos, a navegar en esas aguas, se prueban equipos, se pesca conservando las especies para su estudio y clasificación en España. La actividad no cesa un solo día. Todos quieren llevar a cabo su programa. Se comenta a bordo, que en la Antártida hay un calendario nuevo, que no contempla ni los Sábados ni los Domingos.
 
El 18 de diciembre hay que evacuar a través de un avión de la Fuerza Aérea Chilena -desde el único aeropuerto existente en la zona- a un Cabo Primero Veterano de la dotación, con ataque de apendicítis aguda.
 
Tuvimos mucha suerte, ya que los vuelos no son regulares y el avión permanece el mínimo tiempo en la pista, así que fue una casualidad coincidir con él ese día. En tres horas estaba en el Hospital Militar de Punta Arenas, donde se quedó sin apéndice el susodicho Cabo.
 
Solventado el problema, el "LAS PALMAS" navega rumbo Sur para efectuar sus investigaciones más allá del Círculo Polar y buscar nuevos asentamientos para instalación de una nueva base o refugio desde donde poder penetrar al interior del Continente.
 
Se navega por un escenario increíble. Hay témpanos gigantescos de varias millas de longitud y más de cien metros de altura. Debido a la abundancia de fauna, pronto se aprende a diferenciar las distintas clases de ballenas, focas, pingüinos y pájaros marinos. Todos nos hemos convertido un poco en naturalistas, ayudados -eso si- por el naturalista oficial, que con todo lujo de detalles e incansablemente cuenta anécdotas y características de la vida animal a todo aquel que se le ponga al alcance de la mano.


Iceberg moldeado por la acción del mar y el viento
Pero no todo iba tan bien. El "LAS PALMAS" estaba tocado de un motor y hubo que buscar refugio donde repararlo sin ayuda de ningún tipo. Ahora íbamos a comprobar si los preparativos tan costosos y penosos y las "peleas" por conseguir de los Arsenales repuestos y presupuestos extraordinarios habían valido la pena.

Quiso el destino que el refugio más seguro y cercano lo encontrásemos en el fondeadero frente a la Base Norteamericana "PALMER", a unos metros tan solo del pecio del buque ARA "BAHÍA PARAISO", hundido no hacía todavía un año y al que el "LAS PALMAS" estuvo ayudando con material y apoyando valientemente en las trágicas horas de su hundimiento.
 
Ahora se trataba de nuestro buque y lo teníamos que sacar de aquella. El "BAHÍA PARAISO" con la quilla al sol, nos recordaba constantemente que cualquier error puede pagarse muy caro.
 
Se trabajó sin descanso por parte del personal de máquinas. Divididos en dos equipos, se relevaban desmontando culatas, limpiando, arreglando, montando, ajustando y probando. Asi se sacaron 16 culatas del motor.
 
La Nochebuena y el día de Navidad se pasaron trabajando pues el tiempo se mantenía bueno y no nos podíamos arriesgar a que un repentino cambio de las condiciones meteorológicas nos obligase a salir del fondeadero con un solo motor.
 
En una semana estuvimos listos para probar. Justo esa mañana el tiempo empeoró bruscamente y hubo un suspiro de alivio al ver que el motor funcionaba de nuevo. Tuvimos que levantar el fondeo en el mínimo de tiempo, ya que se garreaba peligrosamente.
 
La incursión hacia el Sur había fracasado. De todas formas se llegó a la latitud más al Sur alcanzada por buque español.
 
Había que ir a Punta Arenas a reparar la causa de la avería ya que el arreglo había sido provisional y podía volver a repetirse.
 
Se recogió al personal expedicionario del Refugio de la Isla Decepción y a los de la Isla de Livingston y arrumbamos hacia el Drake. Era Nochevieja.
 
Al pasar por el Canal de Beagle, se recaló durante unas horas en Puerto Williams, en la margen Sur. Es este pueblo chileno una maravilla sumergida en la Naturaleza, y aunque en pequeño, tiene de todo: su puerto, su plaza, iglesia, un bar, dos tiendas, el museo, la escuela, el campo de futbol, correos y una gente muy amable.
 
Pronto nos metemos en reparaciones en Punta Arenas y en 10 días estamos listos. Se vuelve a cruzar los Canales Fueguinos y se entra en Ushuaia para efectuar el relevo de los expedicionarios que van a trabajar en la Antártida durante la Segunda Fase de la Campaña. El 17 de enero estamos otra vez entre hielos y con nueva gente. Los programas van retrasados y hay que hacer un gran esfuerzo para terminarlos.
Fondeados en Bahía Sur, frente a la B.A.E. "Juan Carlos I".
El tiempo empeora sensiblemente en relación a la Primera Fase de la Campaña y empiezan a entrar los suroestes contra los que no hay protección alguna en la Bahía Sur y tambien en la zona de trabajos hidrográficos en la Bahía Falsa.
 
Una de las noches fondeados, el Oficial de Guardia avisa que el barco está rodeado de hielo y que es de bastante grosor. La marea había metido mucho hielo dentro de la Bahía Sur y nos encontrábamos bloqueados.
 
Con la experiencia de otras veces pensamos que lo mejor era no hacer nada y esperar que saliese por sí solo como había entrado. La solución fue acertada, ya que por la mañana estábamos libres para poder salir.

Situaciones de este tipo o parecidas se sucedían constantemente, pero si el viento era fuerte había que salir del fondeadero y ganar el mar abierto utilizando los proyectores para ver los hielos y esquivarlos en la noche polar.
 
Ya a finales de enero hay varias horas de oscuridad que aumentan considerablemente en Febrero y la navegación de noche se hace más peligrosa, sobre todo si hay algo de mar, cosa por otro lado, muy normal. Si se encienden los proyectores se descubren los hielos pero por otro lado se ciega uno del resto, al deslumbrar la luz. Hay que navegar despacito y con mucho cuidado en esas condiciones.
 
Durante estos días se conocen nuevos lugares, se entra en Port Lockroy, antigua Base Inglesa abandonada hace unos 30 años y cuya despensa la encontramos aún totalmente intacta.
 
El día es muy bueno y casi nada de lo visto anteriormente se le parece. Hay montañas de casi mil metros cortadas a pico, que son típicas de aquel lugar. Aquello impresiona sobre todo si se entra con un barco de cierto porte. Hay momentos de reflexión cuando tiene uno la naturaleza tan cerca expresada de aquella forma tan salvaje y natural. Los glaciares que nos rodean parecen que rugen cuando sufren desprendimientos de algún trozo de su masa helada que quedan a continuación flotando en el agua, complicando de esa manera la navegación.
 
Cuanto mejor es el día y sobre todo si hace sol, se producen más y mayores desprendimientos de hielo que van cubriendo la superficie del mar. Es como una paradoja, si el día es bueno encontraremos más hielo flotante, saldrán las zodiacs más lejos, los montañeros subirán más alto, todos quieren trabajar y salir del barco que sufrirá por todos ellos hasta tenerlos otra vez en casa en previsión de los repentinos cambios de tiempo, y si éste es malo, pues peor, pues no se puede trabajar y cunden los nervios cuando se lleva varios días en estas condiciones.
 
Hay un dicho en la Antártida que recomienda que al bajar a tierra, se lleve cada uno su pasaporte, dinero y billete de avión si lo tiene, que puede quedarse aislado en cualquier lugar y se le recogerá por quién pueda y cuando pueda.
 
En la Campaña anterior (la 1988/89, la primera de este buque), el cocinero estuvo a punto de quedarse en la Isla Decepción por ir a buscar orégano a deshora. ¡¡A quién se le ocurre bajar a tierra en pleno reembarque de material y con aquel endiablado tiempecito que hacía...!! Pues casi tiene que vivir un invierno entero a base de raciones de emergencia que se dejan en todos los refugios para desventurados casos como este.

Ya a mediados de febrero nos da la impresión que la Campaña está tocando a su fin. El Jefe de la Expedición no se permite un respiro y tampoco a los demás, quiere acopiar el mayor número de datos y registros de todo tipo. Son unos días que siguiendo la tónica de la Campaña, no se para, aunque el tiempo no colabora.
 
Aquel día en que, junto con los chilenos del "PILOTO PARDO" ibamos a explorar el Norte de la Isla de Livingston, pudo haber sido mejor para poder al menos desembarcar en las playas y buscar los restos del Navío Español "SAN TELMO" en la Punta Telmo. Pero aquello es así, parece que hace bueno y solo es para que te confíes, pues a los cinco minutos hay otro tiempo completamente hostil.
 
A todo se acostumbra el hombre y parece que cuando más dificultades se pasan, más se echa de menos los ratos y vivencias que marcan a las personas que allí han estado y trabajado. Todo el que vuelve de allí, lo hace con la sensación de haber estado en un lugar especial y de hecho, aquello lo es. El contacto con la Naturaleza de millones de años, el ver lugares en los que piensa uno que no ha estado nadie antes, es posible en la Antártida.
 
Cuando nos disponemos a cruzar el Drake de vuelta al Continente Sudamericano, dejando por la popa los lugares donde además de trabajar hemos hecho amigos, algún que otro susto pasado y tomados tantos "güisquis" con hielo recogido del mar, despiertan en mi memoria multitud de nombres aprendidos de vientos, mares, hielos, pingüinos, focas, ballenas, islas, etc., etc.
 
Ya nos suenan familiares las skuas, petreles, albatros, cormoranes, damero del cabo, el pingüino maccaroni, el barbijo, emperador, adelia, Decepcion Island, el mar de Weddell, Bahía Falsa, Bahía Sur, Base Palmer, el "BAHÍA PARAISO", el Canal de Newmayer, el Rio Barker, el "Capuerto Fildes, Capuerto Fildes", el garreo incontrolado, el arriado de botes, etc., etc. Todos estos nombres y adjetivos y muchos más, los recordaremos como algo especial. Pronto se olvidarán algunos, otros más tarde, pero algo nos quedará cuando oigamos de nuevo hablar de aquellos lugares en los que se tiene la oportunidad de convivir con la Naturaleza, la Historia, la Fauna y hasta con uno mismo, ya que todo el entorno ayuda a desprenderse de las cosas superfluas y a comprender lo pequeño que es el hombre y lo indefenso que está por si solo contra el ambiente que lo rodea. Estas sensaciones se pueden tener en muchos sitios, pero allí, la Antártida debe tener algo que hace pensar en todas esas cosas.
 
En pocos días estamos en el Continente. De nuevo la civilización, aunque poco a poco, como si tuviésemos que pasar por una fase de adaptación. Primero, Ushuaia, la coqueta, después Punta Arenas, un poco más ciudad, y la navegación otra vez entre Canales y la salida por Magallanes, esta vez en calma chicha, como dicen en mi pueblo cuando hay mucha calma. La baliza RACON nos marca en el radar entre que plataformas debemos pasar y esa noche podemos contemplar con tranquilidad el espectáculo que ofrecen bajo una inmensa luna llena, las llamas permanentes de esta Tierra del Fuego. Más tarde viene ya lo de Buenos Aires, Río de Janeiro y Recife, pero eso es otra historia completamente distinta.
Estoy seguro que todos los participantes en la Campaña Antártica, dejamos algo nuestro allá, entre los hielos, y por eso, el deseo de volver al Sur nos persique y.... nos perseguirá siempre.