jueves, 17 de marzo de 2011

DIARIO DEL VIAJE A LA ANTÁRTIDA ( X ).

Día 21 de noviembre de 1989.
Bien, pues acabamos la maniobra cerca de las 02.00 horas de la madrugada, y el que quiso, pudo volver a salir para seguir disfrutando de la noche en Punta Arenas. Yo, como estaba algo mal y griposo y encima sentía que tenía fiebre, preferí quedarme a bordo y descansar, ya que por la mañana tenía que entrar de guardia, y era preferible meterse en cama a volver a salir y empeorar mi estado.

A las 08.00 horas de la mañana entré de guardia y con un frío de cojón de mico, y es que se nota que estamos cerca del Polo Sur, y además teníamos que recibir al Embajador de España en Chile, al Agregado Naval y a la Comisión de la Cámara Española de Comercio, pasando un frío enorme, pero deseando que se acabara cuanto antes.

Y continuamos la guardia, una vez que se marcharon todos, eso si, más abrigados que antes. Y de nuevo toda la noche en vela a esperar que regresaran todos los que salieron a disfrutar, y poco a poco fueron llegando como ovejitas obedientes que vuelven al redil. De esta manera, nos volvimos a reunir todos a bordo y yo me quedé tranquilo porque no tenía ninguna novedad a la hora de salir de guardia.

Uno de los glaciares que "mueren" en el mar.
Día 22 de noviembre de 1989.
La verdad es que hoy empecé el día bastante mal, porque el gripazo se me iba acentuando cada vez más, y encima, el no poder descansar como es debido, no hace que mejore en nada, al revés, empeoré más, con lo que a la hora del desayuno, coincidiendo con el Oficial Ayudante de Derrota y el Doctor -sempiterno ornitólogo-, les comenté que estaba deseando salir de guardia para meterme en cama y descansar y al mismo tiempo... intentar sudar lo suficiente como para rebajar un poco el estado febril que tenía. El Doctor me tomó la temperatura y ésta era de 39ºC, y el único comentario fue... que a las 12.00 horas se tocaba Babor y Estribor de Guardia. Les dije que me parecía muy bien, pero que yo me iba a la cama, porque he estado toda la noche sin dormir y pendiente del barco y del personal que va llegando a bordo.

Al salir de guardia, se lo comenté al Segundo Comandante y me autorizó a permanecer en cama, y asi lo hice: meterme en ella mientras los demás se iban levantando al toque de "¡Diana, Diana!", ordenado por el Segundo, y yo... ¡a dormir y a sudar! que buena falta me hacía.

A las 11.50 horas me vinieron a llamar para la salida de puerto y me negué a levantarme (ya que contaba con la autorización del Segundo Comandante), pero vinieron como unas seis o siete veces, y la última fue el Segundo, quien personalmente bajó hasta mi camarote y me despertó para preguntarme si me encontraba en condiciones para montar las guardias de dos horas en la caña para navegar en los Canales, y a eso le dije que si, que para no fastidiar a ningún otro compañero, mejor me levantaba y montaba mi guardia, que en el momento que me tocara, me avisaran y me levantaría. Y asi lo hice. Bien abrigado y habiendo tomado algo de medicación que me dió el Doctor, empezamos a pasar por los Canales Patagónicos.

Belleza natural y salvaje en el fin del mundo.
La verdad es que de momento no se veía gran cosa, pero según nos comentaba el Práctico Chileno, tendríamos tiempo de ver paisajes muy bonitos. Salí de guardia de timón y me volví a meter en cama para seguir recuperándome, y a descansar pues la próxima me tocaba de 02.00 a 04.00 horas de la madrugada, y por lo menos había que estar un poco frescos, a pesar de los pesares.

Y así acaba este dia, tan malo para mi, por culpa del maldito gripazo, y menos mal que ya estaba vacunado contra la gripe, que si no... no sé que es lo que me hubiera cogido o la hubiera cogido con más fuerza.

Día 23 de noviembre de 1989.
Pues aqui estoy otra vez. En la caña o en el timón, como os resulte más claro para entenderlo. Ahora no ponemos el automático, tenemos que llevarlo en manual y muy atentos a las ordenes del Práctico. Y ya se empieza a ver solamente niebla, mientras voy atento a la voz del Práctico..., "Timonel, un grado a babor... asi está bien, quédese a ese rumbo que va bien...", que es quien nos lleva a través de estos Canales. Los Prácticos son muy particulares, porque cada uno lleva su "colección" de cartas náuticas, donde ellos mismos se han marcado las rutas para llevar a los distintos buques que tienen que "guiar", y eso depende tambien, del tonelaje y el desplazamiento de cada buque, porque no todos son iguales en el calado.

A las 04.00 horas salí de guardia y por recomendación del Práctico, me quedé más tiempo levantado, pues íbamos a pasar por un canal muy estrecho, y era digno de ver, ya que es uno de los más estrechos que hay en toda la zona de los Canales Patagónicos y hay que navegar con mucho tiento, el rumbo ha de ir "al pelo" y a una velocidad aconsejable para tener tiempo de reacción ante una maniobra inesperada.

Hay que posar con este paisaje, para el recuerdo.
Junto con mi compañero Valverde, que también salía de guardia de máquinas, salimos a cubierta -eso si, muy bien abrigaditos y con la cachimba encendida y echando humo como una locomotora- y nos fuimos a la parte de proa, para respirar aire puro y como por aqui, a esas horas empieza a clarear, empezamos a divisar las primeras montañas nevadas, que según se dice, es donde muere la cordillera de Los Andes.

Estuvimos atentos al paso tan estrecho y cuando estábamos a punto de cruzarlo, nos dijimos mutuamente que seríamos los primeros en atravesarlo, pero como yo soy muy mío para estas cosas, dije que lo pasaría antes que el barco, por lo que me subí a la misma borda de la proa, agarrado al torrotito, y estirando el brazo por delante de la proa fue como lo pasé antes que el propio buque, y me sentí muy bien. Mirando hacia el Puente de Mando -sabía que nos observaban a través de las cristaleras-, levanté los brazos indicando que yo había sido el primero en cruzar este Estrecho. Y con esto, Valverde y yo nos fuimos a la cama (él a la suya y yo a la mía); ya eran las 05.00 horas y a las 10.00 volvía a entrar de guardia en la caña, así que era cuestión de descansar y no enfriarse mucho.

Me levante a las 09.00 horas porque me desvelé y cuando salí del camarote, vi a todos corriendo hacia cubierta llenos de curiosidad; me asomé también y vi cosas maravillosas: glaciares, montañas nevadas, solamente por una cara, porque aqui va todo al contrario que en el Hemisferio Norte, pero la verdad es que todo es tan bonito, que es difícil describirlo con palabras o por escrito, y yo, como algunos otros, nos dijimos que por más que uno quisiera imaginarse tanta belleza, no sabríamos describirla tal y como la veíamos.

Esto resulta emocionante e impresionante al mismo tiempo.
Quizás, lo más bonito fue ver un glaciar que venía a morir justo en el mar. Era algo enorme, grandioso, y el hielo de un color azulado precioso, que según los comentarios del Práctico, se debe a los miles de años que lleva acumulado y sin derretirse, porque hay otros que se van derritiendo y renovando los hielos, debido a las fuertes nevadas y a las bajas temperaturas que por aqui se concentran; había otro -y esto es curioso-, que se llama España, y es que aqui, todos los glaciares (o ventisqueros, como les llaman por aqui), tienen un nombre, y ver un glaciar que tiene el nombre de tu País, cuando estás tan lejos, pues te llena un poco el corazón de alegría, bueno, un poco no... un mucho.

Después de la guardia, bajé a cubierta con todos los demás compañeros para hacer fotos y comentar las preciosidades que se estaban viendo, como era ver cascadas que nacían de los mismos glaciares y que cayendo entre la maleza, iban a parar al mar. Por otros sitios, veías las laderas de las montañas pobladas de lengas, que es como una especie de pino, pero muy distinto a este: pequeño y achatado, como si le hubieran puesto un tope para que no creciera hacia arriba.

Y con esto llegó la hora de comer, que hoy era un menú especial, porque -aunque cada uno en su sitio-, íbamos a celebrar una comida de despedida por el Teniente Habilitado, Oficial de Complemento de Intendencia, que supo ganarse la simpatía de todos en general -como buen canario que es-, y además es un chaval joven. Asi que la comida preparada por el Lubina, fue una mariscada (y no quiero poner los dientes largos a nadie, que conste), a saber: Langosta, vieiras (dos por barba), gambas, y una buena pata de jamón asada; todo esto regado con vino blanco Peñascal.

Y después de la comida, nuevo cambio horario, porque la hora de Argentina no va con la de Chile, así que tuvimos que adelantar en una hora todos los relojes de a bordo. Cuando cruzamos la frontera marítima, vino la Patrullera argentina con el Oficial de Enlace y el Práctico que nos conduciría hasta el puerto de Ushuaia, el pueblo más Austral del Mundo. Mientras que el Práctico chileno se quedaba en la Cámara de Oficiales, ya que no se permiten entre ellos la permanencia en el Puente de Mando, por las antiguas enemistades que tienen debido a los conflictos que tuvieron hace años con la frontera maritima entre Chile y Argentina. Conflictos en los que incluso tuvo que llegar a mediar el Papa Juan Pablo II, para que no se llegara a una contienda bélica.

Algunos de nosotros y sobre la mesa... Mi Diario.
A las 18.00 horas, atracamos en puerto, donde fuimos recibidos por una Banda de Música de militares argentinos. Toda una atención por su parte. Y una vez atracados, pues nada, que me tocó entrar de guardia de puerto, porque la de Montevideo no me cumplió al hacer menos de cuatro horas de Servicio; asi que tuve que hacer también ésta. Pero bueno, ya es menos tiempo, porque entre una cosa y otra, pues se va pasando más rápido, aunque son las 23.00 horas y todavía hay claridad.

Y dándome las tantas, estoy escribiendo esto, acompañado de los dos "Andreses" (Txo y Berjano), que mientras uno arregla el uniforme para entrar de guardia por la mañana, el otro se entretiene en escribir un montón de cartas, con sus auriculares puestos, oyendo música en su walkman, y yo... también, oyendo a mi amigo Dyango.

Espero que la noche no se haga muy corta (tampoco muy larga) para poder escribir unas cuantas cartas, a mi familia y a mis amigos, y poder dejarlas enviadas en Ushuaia, antes de salir nuevamente de puerto.

Ya queda poco para llegar a Ushuaia (Argentina).
Día 24 de noviembre de 1989.
Ya he salido de guardia, y a las 09.00 horas me metí en cama para descansar, después de toda la noche sin dormir, que me lo tengo bien merecido, o por lo menos es lo que yo pienso, porque después de toda una noche en vela, bien me merezco un descanso, aunque sea matutino.

A eso de las 14.45 horas me levanté para comer, y según estaba comiendo, avisaron que había que hacer carga de víveres, ¡y como no! ¡allí estábamos los "Todo Terreno"! pero yo seguí comiendo, pues era el único que faltaba.

Una vez terminé de comer, me puse con los demás a currar y pronto terminamos con el cargamento; a las 17.00 horas y una vez comprobado que se había terminado con todo y que todo estaba estibado en su correspondiente lugar, nos dejaron salir francos y por supuesto, fui a conocer este pueblecito que parece sacado de una postal de Navidad: casitas pequeñas esparcidas por las laderas de las montañas, auténticas cabañas de madera -nada de cemento ni material, al menos lo que vimos a primera vista-, que estaban rodeadas de nieve y las montañas también llenas de nieve y rodeadas de nubes espesas y totalmente blancas; como si quiseran descargar más nieve todavía. Una suave brisa acariciaba el mar, e incluso hacía buena temperatura.

Esta vez, salimos Bravo y yo, junto con Abel, que iba a revelar unos carretes de fotos; así que hicimos el camino de salida juntos y después de separarnos, Bravo y yo fuimos a tomar unas cervezas al primer bar que vimos y después estuvimos paseando, viendo todos los comercios que había en lo que es la calle principal del pueblo. Allí me compre unos cuantos "pins", alegóricos a la tierra que pisamos. Por la noche, cenamos, no sin antes habernos comprado algunas cosillas típicas de este lugar, para tener un recuerdo más de nuestra estancia en el pueblo más Austral del Mundo; terminamos de cenar y como aqui, la única diversión nocturna que hay son los Clubs de alterne y no apetecia nada estos sitios, tomamos camino de regreso al barco, y ya empezaba a refrescar bastante, asi que en cuanto llegamos, me metí en cama... ¡y a descansar!, que el cuerpo todavía se resiente. Y mañana será otro día...

... El día de la partida, rumbo al Polo Sur.

Decir, por último, que hoy nos han embarcado todos los expedicionarios y han habido muchos saludos por parte de los que ya se conocían de la Campaña anterior, es decir, la que se efectuó en el 1988/1989, y luego ha tenido lugar, las presentaciones con el resto de la tripulación, para que nos vayamos conociendo todos un poco mejor, ya que seríamos compañeros durante toda la Primera Fase de esta Campaña Antártica.

Vista parcial de Ushuaia desde El Barrio Ecológico.
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